Oye primero y habla postrero.
Año de espigas, anuncio de buenas migas.
El que evita la ocasión, evita al ladrón.
No diga ninguno: no puedo aprender, tanto hace el hombre cuanto quiere hacer.
No busques la suerte y te saldrá al paso.
Sirve a señor noble, aunque sea pobre.
Fruto vedado el más deseado.
La mujer, el caballo y la pistola no se prestan.
No le pidas peras al olmo.
Abad de zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela.
El dinero es buen servidor, pero como amo, no lo hay peor.
Cuídate del amigo al que has ofendido
Riñen los ladrones y descúbrense los hurtos a voces.
Juzgué de ligero y arrepentirme presto.
A la que da con mal marido, se le va lo comido por lo servido.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
Ir bestia a Salamanca y volver asno, a muchos ha pasado.
No cambio tu cacareo por tus huevos.
Quien quiere y no puede, gran mal tiene.
Gracias que hacen pero no la ven.
Paciencia ofendida sale de madre enseguida.
No tropieza quien no anda.
El creído majadero, pierde más que el consejero.
El que hace la ley, hace la trampa.
Si el grumete supiera y el patrón pudiera, todo se hiciera.
El espíritu intenta seguir el mismo camino que el corazón, pero no llegará nunca tan lejos
La imprudencia abre la puerta, y la pereza la mantiene abierta.
El que chatico nació, no puede ser narigón.
Llama el dinero al dinero, y el holgar al caballero.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
Bien mereció papilla quien se fió de Mariquilla.
Lo hermoso, a todos da gozo.
Para el culo de una mujer y la mano de un barbero, siempre es Enero.
Buena cara dice buen alma.
El que no te conozca, que te compre.
Juez de aldea quien quiera serlo, sea.
Más perdido que Papá Noel en mayo.
Mucho val y poco Cuesta, a mal hablar, buena respuesta.
Agua beba quien vino no tenga.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
Lambiendo culos subió Miguel, y ahora le lamben el culo a él.
Nadie tira piedras a su propio tejado.
Beneficio recibido, dase muy luego al olvido.
Quien un mal habito adquiere, esclavo de el vive y muere.
La Ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente.
Ligero como el ave de San Lucas.
Vine en el auto de Fernando, la mitad a pie y la mitad andando.
Venía como muela del juicio, picado y hasta atrás.
Mal ajeno, a nadie le importa un bledo.
Cuando mulo no moria, gallinazo comia.