Costumbre mala, desterrarla.
A barba muerta, obligación cubierta.
Durará o no durará, pero lo que es hacerlo, hecho está.
El mandar no tiene par.
El tiempo todo lo alcanza, a la corta o a la larga.
Dios da pan a los que no tienen dientes.
Cuando golpees una piedra con el pie, consulta antes tu conciencia.
Valiente es el ladrón que lleva una lámpara en su mano.
Tiene doble trabajo hincharse y deshincharse.
Estando sabroso el frito, el plato no importa un pito.
Jamón empezado, cada cual le tira un tajo.
El que siembra, cosecha.
Cuídate del amigo al que has ofendido
Echar por el atajo no siempre ahorra trabajo.
Más vale bueno que mucho.
Sábele bien y hácele mal a mi borriquito hoja de nogal.
Tiempo malgastado nunca recobrado.
Más vale fortuna en tierra que bonanza por la mar.
Si el dinero no es tu sirviente, será tu amo.
De mercader a ladrón, un escalón.
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Más logran las lágrimas que las palabras.
¡Una sopa de tu propio chocolate!.
La mancha de aceite, paso a pasito se extiende.
A la mal casada, miradla a la cara.
Vivir cada uno como querría morir, ése sería buen vivir.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
El viejo que casa con niña, uno cuida la cepa y el otro la vendimia.
Casamiento y gobierno, destino del cielo.
El mayor desprecio es no hacer aprecio.
Al niño besa quien besar a la madre quisiera.
Muchas veces no son las cosas lo que parecen.
Come, que de lo yuyo comes.
Piedra sin agua, no afila en la fragua.
A la vuelta de la esquina, ¡adiós al amigo!
Brasero que calor no da, ¿para qué está?.
Jabón y buenas manos sacan limpios paños.
Del mal que el hombre teme, de ése casi siempre muere.
La ausencia y la muerte mucho se parecen.
Septiembre, o seca las fuentes o se lleva los puentes.
Mi marido va a la mar, chirlos mirlos va a buscar.
Obra bien y espera; que Dios es el que premia.
Una vez se engaña a un gitano, dos a ningún cristiano.
Un ochavo poco vale; pero sin él no hay real.
Claridad, y no en el caldo.
Quien primero viene, primero tiene.
Le busca las cinco patas al gato.
El que te presta oídos es porque también quiere hablar.
Si quieres cruzar el río, tienes que mojarte los pies.
Gatos y mujeres, buenas uñas tienen.