Bebe para olvidar, pero no te olvides de pagar.
Castellano fino: al pan pan, y al vino vino.
Quien no se arriesga no conquista
No saber qué hacer con las manos y los pies.
El arroz es el nervio de la guerra.
Obras buenas, hazlas a manos llenas; malas, ni una hagas.
Cuida bien a tu amigo y no menosprecies a tu enemigo.
Caballo corredor, pronto se cansa.
Amistad entre desiguales, poco dura y menos vale.
Tanto le alabas que nunca acabas.
Quien recurre a poco saber obtiene un mal parecer
Comer sin trabajar, no se debe tolerar.
Quien vive fiando al amigo, estudia para mendigo.
Para el que quiere, siempre hay trabajo.
Incluso si conoces el camino, pregunta otra vez.
Llave puesta, puerta abierta.
Más vale un pan con Dios que dos con el diablo.
La medicina solo puede curar las enfermedades curables.
A padre avaro, hijo pródigo.
Solo el ruiseñor es capaz de comprender a la rosa.
De abundancia del corazón, habla la lengua.
Quien trabaja por sí mismo trabaja por tres
Alegría y desgracia no son eternas
Si ves que un hombre tiene hambre, dale un pescado, si no quieres que pase hambre nuevamente enséñale a pescar.
Se te caes siete veces, levántate ocho.
Mientras haya montes verdes, no hay por qué inquietarse por la leña.
El que aprende con pelos abajo, aprende poco y con trabajo.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
No hay peor tiempo que aquel que viene a destiempo.
El Papa y el campesino unidos saben más que el Papa solo.
Zapatero haz tus zapatos, y déjate de otros tratos.
Navegar contra el viento es perder el tiempo.
Por San Lucas, bien saben las uvas.
En soledad y recuerdo, consuelo es "Manuela Izquierdo".
En Septiembre o llena los puentes o seca las fuentes.
Palabra de cortesano, humo vano.
Nunca vi mayor afán, que muchos hijos y poco pan.
La mujer poco entendida, se casa sin tomar medidas.
Todo hombre que quiera mentir, gran memoria debe tener.
Obrada de San Andrés, ni la prestes ni la des.
A quien Dios quiere bien, la casa le sabe.
Merecer y no alcanzar, es para desesperar.
Al hombre aguado, mirarle de lado.
Si la catedral es grande, no tienes que santiguarte todo el día.
Mande quien pueda, y obedezca quien deba.
La mariposa al posarse sobre la rama teme romperla.
Más vale tender la mano que el cuello.
Al comer retoños de bambú, recuerda al hombre que los plantó.
Es más fácil doblar el cuerpo que la voluntad.
El espíritu es fuerte; pero la carne es débil.