Callar como puta tuerta.
Un tonto engaña a cientos si le dan lugar y tiempo.
El que nada duda, nada sabe.
No saber una jota.
El juez que toma, presto es tomado.
Mientras vas y vienes, por el camino te entretienes.
Lo que saben dos, lo saben ellos y Dios; lo que saben tres, ciento lo sabrán después.
Las dilaciones son peligrosas.
Ni miento ni me arrepiento.
Amor comprado, dale por vendido.
Tres cosas matan al hombre: soles, cenas y penas.
Se sincero y honesto siempre.
La cuestión no es llegar, sino quedarse.
El que tenga hacienda, que la atienda o que la venda.
Quien a heredar aspira, larga soga estira.
El que no ama, no se desilusiona.
El que algo quiere, algo le cuesta.
Quien no sabe, no vale nada.
El que no tranza no avanza.
Salud y pesetas y lo demás son puñetas.
Llenar el tarro.
La largueza y altruismo empiezan por uno mismo.
Esposa mojada, esposa afortunada
Cuenta y razón conserva amistad.
Hacerle a uno la pascua.
Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que tu silencio.
Se pudo una vez, se podrá de nuevo.
Los buenos recuerdos duran mucho tiempo; los malos, más todavía.
Todo se andará si la vara no se rompe.
A gran hambre no hay pan malo, ni duro ni bazo.
Abril siempre vil; al principio, al medio y al fin.
La tierra será como sean los hombres.
Quien a otro ha de matar, antes ha de madrugar.
Una mano no aplaude. Dos manos si.
Cuando te inunde una enorme alegría, no prometas nada a nadie. Cuando te domine un gran enojo, no contestes ninguna carta.
El hombre de carácter atraviesa mil ríos sin mojarse los zapatos
Vivirás dulce vida si refrenas tu ira.
Fortuna gira sobre una rueda, que nunca está queda.
Madruga y verás, trabaja y habrás.
Antes de que acabes, no te alabes.
Dios acude siempre a la mayor necesidad.
Entre bellacos, virtud es el engaño.
Carga que place, bien se trae.
Cambiar de opinión es de sabios.
Cuando golpees una piedra con el pie, consulta antes tu conciencia.
Buenas palabras y buenos modales, todas las puertas abren.
En prisión y enfermedad, se conoce la amistad.
Existe también una felicidad que atemoriza al corazón
Escribano, puta y barbero pacen en un prado y van por un sendero.
Las palabras amables no cuestan nada pero valen mucho.