Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
En vender y comprar, no hay amistad.
Ni Abril sin flores, ni juventud sin amores.
Cabra coja, no tenga fiesta.
Vuelta al cuidado, que canta el gallo.
Tragando aunque sea saliva.
Buena es la trucha, mejor el salmón, bueno es el sábalo cuando es de sazón.
Bebe el agua de tu fuente clara, y no busques la encenagada.
Al ratón que no sabe más de un agujero, el gato le pilla presto.
Ser bueno ante el malo indica que eres bueno.
Hormigas en ringlera, o temporal o sequera.
El bien y el mal andan revueltos en un costal.
Caballo chiquillo, siempre potrillo, caballo grande aunque no ande.
En donde menos se espera, sale el conejo en carrera.
Para todo perdido, algo agarrado.
Este arroz ya se coció.
A beber y a tragar, que el mundo se ha de acabar.
El dinero diario, es necesario.
Ser rico y privarse, no es ser rico, sino guardián de equipajes.
Guardia viejo no cae en gancho.
Bien sabe la chica, en donde le pica.
La pobreza no es vileza, más deslustra la nobleza.
En el modo de partir el pan se conoce al que es tragón.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
Quien coma en Mayo la sardina, en Agosto le pica la espina.
La adulación procura amigos, la verdad genera odio
Huéspedes vendrán que de casa nos echarán.
Con salud, lo hay todo; sin salud, no hay nada.
Mal empleada está la hacienda en quien no es señor de ella.
Besando al niño, a su madre le hace un cariño.
El hoy aquí está; el mañana, ¿quién lo verá?.
Al vivo la hogaza, al muerto la mordaza.
La mujer llora antes del matrimonio, el hombre después.
Allá ellos que son blancos y se entienden.
Dale con que va a llover.
Dame rojura y te daré hermosura.
El amor vive en presencia y muere en ausencia.
El que tiene buenos padrinos, no se cae dentro de la pila.
Aunque mucho suena, solo echa aire la trompeta.
Hasta que no muera el arriero, no se sabe de quién es la recua.
Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
El agua corre, la arena queda; el dinero va, la bolsa queda; el hombre muere, el nombre queda.
¿Qué ve el ciego aunque se le ponga una lámpara en la mano?
Una hora duerme el gallo, dos el caballo, tres el santo, cuatro el que no es tanto, cinco el capuchino, seis el peregrino, siete el caminante, ocho el estudiante, nueve el caballero, diez el pordiosero, once el muchacho y doce el borracho.
¿Qué necesidad hay de dar los cuartos al pregonero?.
Nadie extienda más la pierna de cuanto fuere larga la sábana.
Hay que estar afuera, para ver lo de adentro.
Ganado suelto bien retoza.
Vino y amores, de viejo los mejores.
Cuando se cae el burro, se le dan los palos.