Una verdad dicha antes de tiempo es muy peligrosa.
Al potro y al niño, con cariño.
Azotando el cuerpo de la mujer se ajusta su virtud
Camina como viejo y llegarás como joven.
Guerra, peste y carestía andan siempre en compañía.
A mocedad viciosa, vejez penosa.
Todo el mundo ha sido antes joven, pero no todas las personas han sido viejas con anterioridad.
Al viejo que se casa con mujer hermosa, o pronto el cuerno o pronto la losa.
Ni ojo en carta, ni mano en plata.
Recoge el heno mientras el sol brilla.
El que ve el cielo en el agua ve los peces en los árboles.
Cuando los de Anaya perdieron la mula, para unos desgracia para otros fortuna.
Hasta en el día más claro puede llover.
Más grande que la conquista en batalla de mil veces mil hombres es la conquista de uno mismo.
El hombre haragán trabaja solo al final.
Guárdate de hombre que no habla, y de perro que no ladra.
Necios y gatos son desconfiados.
Navegar contra el viento es perder el tiempo.
A barco viejo, bordingas nuevas.
Amor de amos, agua en cestos.
Hay momentos en que hasta el tigre dormita.
Se necesitan dos para empezar una pelea.
Mientras hay unos que madrugan, hay otros que no se acuestan.
A quien cuida la peseta nunca le falta un duro.
El hombre celoso, hace de la pulga un oso.
Alabar y callar para medrar.
Las mujeres pocas veces nos perdonan ser celosos; pero sin embargo no nos perdonarían nunca no serlo
Ausencia al más amigo, pronto lo pone en olvido.
Tiene Mayo la llave del año.
Las firmes amistades se hacen en las mocedades.
En la naturaleza, no hay castigos ni premios, solo consecuencias.
Juntársele a alguien el cielo con la tierra.
El árbol con demasiadas hojas no da siempre frutos sabrosos.
La palabra es playa, el silencio oro.
Si quieres vencer, aprende a padecer.
A veces el echar a andar es la más difícil del caminar.
Quien gasta todo lo que gana, nunca engorda la marrana.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
Donde bien me va, allí mi patria está.
Donde bien te quieren irás pocas veces; donde mal, nunca irás.
Donde ajos ha, vino habrá.
Mal haya el vientre que del bien recibido no le viene miente.
Hasta el mismo amor sincero, requiere algo de dinero.
Quien quiere tener un niño cueste lo que cueste, se casa con una mujer embarazada.
En el amor y la guerra, todo hueco es trinchera.
Quién guarda dos termiteros, vuelve de vacio.
Cuenta el milagro, pero no digas el santo.
Buen lector, mal escribano.
La amante que te concede su cuerpo y no su corazón, te regala rosas sin espinas.
Más vale lidiar con la ruin bestia que llevarla a cuestas.