Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.
Una lágrima puede decir más que un llanto.
Una cara hermosa lleva en sí secreta recomendación.
A cabellos enredados, piojos por descontado.
Lo más feo, con interés, hermoso es.
Haz bien y no mires a quien.
Hay que estar afuera, para ver lo de adentro.
A la moza y a la mula, por la boca le entra la hermosura.
A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
No hay peor sordo, que quien no quiere oír, ni peor ciego, que quien no quiere ver.
A la vejez, viruelas.
Boca que se abre, o quiere dormir o está muerta de hambre.
Cada perro, con su hueso.
Gallo viejo con el ala mata.
Cuando guían los ciegos, ¡ay de los que van tras ellos!.
Quien al cielo escupe, en su cara repercute.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Si quieres conocer a un hombre, no le mires; óyele.
Son como dos jueyes en la misma cueva.
Burros o coces, arrieros a palos y a voces.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
¿Cómo se puede escupir en una cara sonriente?
Tienes más cara que un saco perras.
Un candado para la bolsa y dos para la boca.
Cara sin dientes, hace a los muertos vivientes.
Los que abren la boca son los que menos abren el corazón.
De quien te habla y no te mira mientras haces alguna cosa espérate la traición.
Las cosas se parecen a sus dueños.
La oveja de muchos, el lobo la come.
Es tonta la oveja que va a confesarse con el lobo.
Donde ajos ha, vino habrá.
Algo es algo, dijo, al ver un hueso el galgo.
Al hombre se le mide de cejas para arriba.
Manos que trabajan, no son manos, sino alhajas.
El arco iris brilla después de la tempestad.
A palabras de borrachos oídos de cantinero.
Días que pasan de enero, ajos que pierde el ajero.
El que su nariz acorta, su cara afea.
Quien se siente mocoso, se suena los mocos.
Guarda y no prestes; porfía y no apuestes.
No te fíes de la fortuna, mira que es como la luna.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
Mujeres y aves, todas poner saben: ésta poñen huevos, y aquellas poñen cuerno.
Quien mucho escucha, su mal oye.
Al ciego no le aprovecha pintura, color, espejo ni figura.
Boca ancha, corazón estrecho.
Oír, ver y callar, para en paz estar.
Cree lo que vieres y no lo que oyeres.
Guardado el dinero, no pone huevos.