Jugar la vida al tablero.
El que anda con un cojo, si al año no cojea, renquea.
Foso y vallado, buen cercado.
El que la ley establece, guardarla debe.
Haz bien y no acates a quien.
Daño merecido, no agravia.
Al medico, al confesor y al letrado, hablarle claro.
El hombre es para el hombre un espejo.
Pajes; mozos y era Perico solo.
Hace la misma falta aquí que los perros en misa.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
Algo busca en tu casa quien te hace visitas largas.
Donde hay pelo hay alegría.
Cree solo la mitad de lo que oigas decir de la riqueza y la bondad de un hombre.
Calla, haz, y con la tuya te saldras.
Muchas palabras verdades se dicen en broma.
Comer de su propio cocinado.
Nadie puede ver ojos bonitos en cara ajena.
Lo que me incomoda no me agrada y lo que no me parece bien tampoco me gusta.
Vida de campo, hombre sano; vida de pueblo, hombre enfermo.
Gorgojo, más chico que un piojo; así de chiquito produce enojo
Cada perro, con su hueso.
A la mesa, de los primeros; al trabajo, de los postreros.
Armas y dineros quieren buen dueño.
Dijo el jamón al vino: aquí te espero, buen amigo.
Quien administra hacienda ajena, no se acuesta sin cena.
Los hombre dispuestos a prometer, están dispuestos a olvidar.
No todos los que tienen las manos juntas, rezan.
Nuestro gozo en un pozo.
El buen garbanzo y el buen ladrón de Fuentesauco son.
A ti te digo hija, para que entienda la hijastra.
El mundo es para los osados, no para los tímidos callados.
Según con quien te encontré, así te trate.
La tierra atrae tanto que los viejos caminan encorvados.
El que tenga tienda, que la atienda.
Según serás, así merecerás.
La que da beso da d'eso.
Fía solo en dos: en ti y en Dios.
Cada uno va a su avío, y yo, al mío.
Quien amaga y no da, miedo ha.
Más vale cargar la carga que arrear la mula.
Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
El pleito claro no necesita abogado.
A tal casa, tal aldaba.
Hacer ruido, para sacar partido.
La felicidad consiste a menudo en el arte de saberse engañar
Habla no cuando quieras, sino cuando puedas.
De quien a la cara no mira, todo hombre discreto desconfía.
Nunca un peligro sin otro se vence.