A persona lisonjera, ni oírla siquiera.
Tales son migas de añadido, como mujer de otro marido.
El dinero y los pendejos, siempre acaban separados.
A mucho porfiar, ¿quién se resiste?.
No hay espada contra la simpatía afectuosa
A camas honradas, no hay puertas cerradas.
Llevar las cosas por rigor, no es lo mejor.
Si el mozo supiera y el viejo pudiera, ¿qué se les resistiera?
Dinero que prestaste, enemigo que te echaste.
Es estólido quien toma, la sátira como broma.
Ajuar de la forastera: dos estacas y una estera.
Gran deudo tiene corazones que bien se quieren.
El abuso de las riquezas es peor que la necesidad de ellas.
A consejo ido, consejo venido.
A cartas, cartas y a palabras, palabras.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
Ni "arre" que corras ni "so" que te pares.
Grande o chica, pobre o rica, casa mía.
No dar pie con bola.
Cuando sea monja te regalaré un higo, dijo un amigo a otro amigo.
Gran mal padece quien amores atiende.
Muchachada que quiere ser casada, difícil es ser gardada.
A quien le dan el pie, se toma la mano.
Cuando fueres a la venta, la ventera sea tu parienta.
Fiar, en Dios y en otro no.
El sastre, corte y cosa, y no se meta en otra cosa.
De oportunidades perdidas se encuentra llena la vida.
Pereza no es pobreza; pero por ahí se empieza.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
Hablar con lengua de plata.
Dar palos de ciego.
Lo que hacemos en la vida, tiene su eco en la eternidad.
Jabón y buenas manos sacan limpios paños.
Abierto el cajón, convidado está el ladrón.
Digan lo que digan los pelos del culo abrigan.
Árboles y amores, mientras tengan raíces tendrán frutos y flores.
La ignorancia es la madre de la felicidad.
A la que a su marido encornuda, señor y tú la ayuda.
Al vino y al niño hay que criarlos con cariño.
A bien obrar, bien pagar.
Fondo salido, novio perdido ó solicito marido.
Dos negaciones afirman, pero tres confirman.
Dios me libre de una manía, aunque sea de misa.
Ausencia enemiga del amor, cuan lejos de ojos, tan lejos de corazón.
Amor de lejos contentos los cuatro.
Fingir locura, es a veces cordura.
Hacemos daño al hombre cuando le pedimos hacer lo que está dentro de sus posibilidades o hábitos.
Cada uno se rasca donde le pica.
La primera te la paso, pero a la segunda te aso.
La olla en el sonar, y el hombre en el hablar.