La niñez se va para lejos; si vuelve ya estamos viejos.
Amor de niña, agua en cestillla.
Al que no fuma ni bebe vino, le huele la boca a niño.
Come y bebe, que la vida es breve.
Mucho te quiero perrito; pero de pan, poquito.
Barbas mayores quitan menores.
El danzante tiene cuatro chiquitillos y todos son danzantillos.
Lo que con tus padres hagas, con tus hijos lo pagas.
Hijo ajeno, candela en el seno.
Gorrino, cochino y marrano, todos hermanos.
Yerno, sol de invierno, sale tarde y pónese luego.
La crianza es buena los trece meses del año
Hijas, el que pleitea no logra canas ni quijadas sanas.
Angelitos al cielo, y a la panza los buñuelos.
Si los hijos salen de casa, no es fácil reunirlos de nuevo.
Que largos son los años en la niñez y como se acortan en la vejez.
De los hijos, el que muere, el más querido.
Hacer pinitos.
Cuando el niño dienta, la muerte tienta.
Mi mama me manda a mi y yo mando a mis hermanitos.
A río revuelto, ganancia de pescadores.
Dios no desampara a sus hijos.
Inútiles platicas e inútiles libros, ni las tengan tus hijas, ni los lean tus hijos.
Años de nones, muchos montones.
Cual es el padre, así los hijos salen.
Un niño sin padre es como una casa sin techo.
Aún no ha nacido el niño y ya lo queremos casar.
Son muchos los hijos del muerto.
Los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios.
Entre mozas y mozos, pocos retozos.
El que con niños se acuesta, cagado se levanta.
Los hijos de Verdolé, que le enseñan a su padre a joder.
El que tenga un hijo majadero, que lo ponga campanero.
A los pendejos ni Dios los quiere.
A Dios, al padre y al maestro, tenga el niño gran respeto.
Hijos casados, duelos doblados.
Come para vivir y bebe para comer.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
El hijo del bueno, pasa malo y bueno.
A mamar, todos nacen sabiendo.
A tu hijo dale oficio, que el ocio es padre del vicio.
La familia pequeña, vive mejor.
Jamón cocido en vino, hace al viejo niño.
La niña que más se cuida, resulta a veces jodida.
La mano, al pecho; y la pierna, en el lecho.
Matrimonio repentino, muchacho cincomesino.
El muchacho que es llorón y tú que me lo pellizcas.
El que con niños se acuesta mojado amanece.
A nadie le huelen mal sus pedos, ni le parecen sus hijos feos.
¿Qué tiene mi hijo feo que no lo veo?.