Botas y gabán encubren mucho mal.
El que se pone de puntillas no puede sostenerse derecho.
Sabio es quien poco habla y mucho calla.
Cuantas veces resulta de un engaño, contra el engañador el mayor daño.
Un tiznón solo no arde sin otro.
Aquel que guarda siempre tiene.
Hierba mala nunca muere.
Solo el hombre prudente puede emplear bien sus ocios.
A la vejez, dinero y mujer.
De arriero a arriero no pasa dinero.
No creo en gardenias negras, ni en virginidad de suegras.
Ratón que corre mucho resbala frente a la cueva.
Donde bien te quieren irás pocas veces; donde mal, nunca irás.
Paciencia ofendida sale de madre enseguida.
El mal que no tiene cura es la locura.
La mentira anda con muletas, y la verdad sin ellas.
Más vale ser ciego de los ojos, que del corazón.
Quien vive sin disciplina, muere sin honor.
Predicar en desierto, sermón perdido.
Pajes; mozos y era Perico solo.
Madre que no cría, no es madre, sino tía.
El caldo, en caliente; la injuria, en frío.
Quien se refugia debajo de hoja, dos veces se moja.
La falta de progreso significa retroceso.
Nadie nace maestro.
Adonde no hay remedio, haya paciencia.
El búfalo amarrado detesta al búfalo que cabalga por la llanura. (No cuentes dinero delante de los pobres).
La noticia mala llega volando, la buena, cojeando.
Quien corre con más alarde, o no llega, o llega tarde.
De airado a loco va muy poco.
No puedes poner maíz en una canasta con huecos.
Por mucho que sople el viento, una montaña no se inclina ante él.
Quien poda en Mayo y alza en Agosto, ni coge pan ni mosto.
Quien pide para candela, no se acuesta sin cena.
Amigos que admiten regalos, ¡malo, malo!.
Decir, me pesó; callar, no.
Nadie arrebañando engorda.
Amor no respeta ley, ni obedece a rey.
Pan candeal no hay otro tal.
A amo ruin, mozo malsín.
Dios da nueces a quien no sabe cascarlas.
Al buen, regalo; al malo, palo.
Bodega de buen olor, no ha menester pregón.
Por Santa Catalina, la nieve se avecina.
Mal ajeno es ruin consuelo.
No hay árbol como el nogal, ni fruta como el madroño, ni cosa que encaje mejor que lo que sabes en él.
Ley puesta, trampa hecha.
Beber, para comer; y aún eso, sin exceso.
No muerdas la mano que te da de comer.
Carta echada, no puede ser retirada.