Nadie quiere la salud más que el paso.
Las palabras se las lleva el viento, lo escrito permanece.
Favorecer, es por norma perder.
Cuando otro sufre, es madera que sufre.
Estudia en tu juventud, disfruta en tu madurez.
La buena obra, ella misma se loa.
Hormigas en ringlera, o temporal o sequera.
Hechos son amores y no buenas razones.
En gustos y colores, no discuten los doctores.
A la mujer, el hombre la ha de hacer.
Salud y pesetas salud completa.
Detrás de la tormenta brilla el sol.
Ver y más ver, para aprender, oír y más oír, para aprender y saber decir.
El alma está no donde vive sino donde ama.
La suerte es de quien la tiene.
Campana cascada, nunca sana.
Es más fácil plantar que recoger, pero solo se recoge aquello que se ha plantado.
Calvo, y no de tiña, tuerto, y no de nube, mala costumbre.
Lo ordenado en el cielo, por fuerza se ha de cumplir en el suelo.
Boca de miel y manos de hiel.
Aprendiz de muchas ciencias, maestro de mierda.
Mal haya la pájara que en su nido caga.
A quien no se lo merece, la virgen se le aparece.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Mira después el bienestar del cuerpo y la mente.
Más vale ser feo y sabio que hermoso y necio.
Como te cuidas, duras.
Las sueños, sueños son.
A quien vela, todo se le revela.
Hurta y reparte, que es buen arte.
Con hermosura sola no se pone la olla.
La nariz y la frente, hasta la muerte siempre crecen.
Todos estamos de visita en este lugar. Solo estamos de paso. Hemos venido a observar, aprender, crecer, amar, y volver a casa.
A la corta o a la larga, el tiempo todo lo alcanza.
La respuesta correcta es la C. (Ante un examen y cuando no tienes ni idea de la cuestión, al libre albedrio).
La letra mata, su sentido sana.
Faltará la madre al hijo, pero no la niebla al granizo.
Buena cara y malos hechos, a cada paso los vemos.
De puta vieja y de tabernero nuevo, guárdenos Dios.
Camisa que mucho se lava y cuerpo que mucho se cura, poco dura.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
Hijos tienes, nueras tendrás, cuando te descuides en la calle te verás.
Cerco en la luna, agua en la laguna.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Hay tres cosas que no se pueden ocultar: el humo, el amor y un camellero con su camello por el desierto.
El hombre no vale por lo que tiene sino por lo que es.
Las aguas quietas, corren profundas.
La liebre a la carrera y la mujer a la espera.
Todo el orgullo y la opulencia paran en siete pies de tierra.
Los hombres, a la vejez, tornan a la niñez.