A ojo de buen cubero.
Oficio que no sustenta tu vida, dale despedida.
El dinero corrompe al hombre.
Despacio, que llevo prisa.
Mente sana, cuerpo sano.
La cama, el fuego y el amor, nunca te dirán vete a tu labor.
Dios le dio novia y el diablo le dará hijos.
Bien merece galardón quien roba a un ladrón.
Cualquiera está en su deber, de no dejarse joder.
Y vuelta la burra al trigo.
Los hombres son mejores que su teología
La arruga es viejera, la cana embustera.
No oigo, soy de palo.
Febrerillo, mes loquillo.
Si tienes hijas, comerás buñuelos.
Bendita la muerte, cuando viene después de bien vivir.
Manda y descuida; no se hará cosa ninguna.
Te quiero Andrés, por el interés.
El juego de Venus no es para hombres viejos.
El caballero y la dama, también lo son en la cama.
A quien da y perdona, nácele una corona.
La madera de enero no la pongas al humero; déjala estar cortada, que ella se curte y amansa.
La leche cocida, tres veces subida.
Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.
Niebla en la mañana, tarde muy galana.
Marzo marcero, por la mañana rostros de perro, por la tarde valiente mancebo.
El que desecha la yegua, ése la lleva.
Zurdos y cojos, denme en los ojos.
De quien no has tratado, no jures que es hombre honrado.
Si sale con barbas, San Antón y si no, la Purísima Concepción.
El corazón del justo, piensa para responder.
De lo que por sutil se quiebra, no hagas hebra.
Para mal casar, mejor nunca maridar.
Las arrugas son la tumba del amor
La Cruz, la viña reluz.
Zorras y alcahuetas, todas son tretas.
Quien mucho se arremanga, vésele el culo y la nalga.
A los 60 pocos hombres conservan su herramienta, y es por regla general, que desde los 50 anda mal.
Con los años que me sobran y los dientes que me faltan no me cambio con usted.
Mala señal de amor, huir y volver la cara.
Limosnero y con garrote.
Humildad y fiereza, todo en una pieza.
La primera te la paso, pero a la segunda te aso.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
El afeite que más hermosea es la dádiva buena.
Carnero, comer de caballero.
Antes perderá el hombre el diente que la simiente.
La que fue flor, algo le queda de olor.
El mundo es para los osados, no para los tímidos callados.
Ni el trigo es mío, ni es mía la cibera, conque así, muela el que quisiera.