La mujer decente, sufre más que se divierte.
La buena mujer, con sus manos edifica su casa.
A la mujer, búscala fina y limpia, que gorda y sucia ya se hará.
Sin tacha ninguna, no hay mujer ni mula.
La casa, la mujer la hace o deshace.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
Una mujer es como un puro: hay que encenderla a menudo.
La mujer y la burra, iguales de testarudas.
Mujer ventana, nunca Llega a casadera.
A la mujer por lo que valga, no por lo que traiga.
Mujer ventana, poco costura.
Antes mujer de un pobre que manceba de un conde.
A la mujer y al viento, pocas veces y con tiento.
Mujer precavida vale por dos.
La mujer ha de saber, primero puta que buena mujer.
Mujer, viento, tiempo y fortuna, presto se muda.
No te fíes de mujer, ni de mula de alquiler.
Mujer muerte, siete a la puerta.
La mujer que de día calla por la noche manda.
En toda guerra está mezclada una mujer.
La mujer virtuosa, corona es de su marido.
Mujer, Huerta y Molina, piden uso de continuou.
Con mujer que tiene dueño, ni sueño.
Cuando se pide con fe no hay mujer que no lo dé.
De la naranja y la mujer, lo que ellas den.
Compuesta, no hay mujer fea.
A la mujer y a la burra, cada día una zurra.
La primera mujer, escoba, y la segunda, señora.
Del tiempo y de mujeres, lo que vieres.
La mujer que buen pedo suelta, no puede ser sino desenvuelta.
Ni de mujer de otro, ni coces de potro.
Ni joya prestada, ni mujer letrada.
Al hombre de más saber, una sola mujer lo echa a perder.
El hombre lo pide, y la mujer decide.
La mujer para ser buena, poco culo y buenas tetas.
La mujer buena, inapreciable prenda.
Joven ventanera, mala mujer casadera.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Como es la mujer, así es la casa.
Puta y buena mujer, no puede ser.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
¡Mujer sin seso, ahí queda eso!.
La mula y la mujer son malos de conocer.
Naranjas y mujeres, den lo que ellas quisieren.
Quien a otra ha de decir puta, ha de ser ella muy buena mujer.
El que no tiene mujer, cada día la mata; más quien la tiene, bien la guarda.
En marrano y en mujer, más vale acertar que escoger.
No hay mujer más buena que la mujer ajena.
Caballo que llene las piernas, gallo que llene las manos, y mujer que llene los brazos.
Mano sobre mano, como mujer de escribano.