Plata de cura, ni luce ni dura.
La fruta madura se cae sola.
Amor que no se atreve, desprécianlo las mujeres.
La soga se rompe por lo más fino.
La suerte la pintan calva.
Sigue este consejo para que llegues a viejo.
A raposa durmiente, no le amanece la gallina en el vientre.
El que amenaza, pierda la ocasión de la venganza.
No hable de cuerdas en casa de un hombre colgado.
Chimenea nueva blanca unos días, y al cabo negra.
Pasado el tranco, olvidado el santo.
El huésped dos alegrías da, cuando viene y cuando se va.
La oveja de muchos, el lobo la come.
Dame pan y llámame perro.
El que esta abajo no tiene miedo de caer.
Mujer y sardiña, ni la mayor ni la más pequeniña.
A la mejor cocinera, se le va un tomate entero.
Cambio de costumes al viejo cuéstale el pellejo.
De las mujeres bellas y de las flores de mayo se va la belleza en un día
Agua sobre agua, ni cura ni lava.
El hombre que hace su fortuna en un año debería ser ahorcado doce meses antes.
Quien quiera saber, que compre un viejo.
Da órdenes, no hagas más y nadie se moverá.
Cada mozo lancee su toro.
El juego destruye más que el fuego.
Antes mujer de un pobre que manceba de un conde.
De la esperanza vive el cautivo.
Nadie diga: de esta agua no bebere.
Pascua pasada, el martes a casa.
A la corta o a la larga no hay matrero que no caiga.
Fue por potros y trajo muletas ¡malhadada feria!.
La vaca y la mujer, paren a la vez.
Madre solo hay una, y padres muchos...
De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.
Más duro que sancocho de pata.
Grandotas aunque me peguen.
La mujer golosa o puta o ladrona.
El menor yerro que podría hacer, es casarse la mujer.
A la garganta del perro, échale un hueso si le quieres amansar presto.
Quién quisiere vivir sano, coma poco y cene temprano.
Burlas pesadas, ni para viejas ni para casadas.
No saber ni torta.
El hambriento, por sorber algo, sorbe el viento.
El que tal ha padecido, ése se compadece del doliente y del herido.
Hacia ti acusas cuando murmuras.
La que ha de pescar marido, lo saca de la tinaja.
Amigo que no da, y navaja que no corta, si se pierden poco importa.
No puede el cura a la par, decir misa y confesar.
Quien no tiene otro querer, se acuesta con su mujer.
Dar una de cal y otra de arena.