Si la vida te es ingrata, ya no le hagas más favores.
A gran seca, gran mojada.
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
Mano lavada, salud bien guardada.
El que va a hacer mal, ya va herido, dice el refrán.
La mujer bella está mejor desnuda que vestida de púrpura
Maldita la pila lo pica el gallo y no la gallina.
Quien salud no tiene, de todo bien carece.
Amo recorrer las praderas. Entonces me siento libre y soy feliz. Si tuviéramos que vivir en casas, palideceríamos y moriríamos.
Haz la noche, noche y el día, día y vivirás con alegría.
Riquezas con sobresaltos, miserias las llamo.
En toda guerra está mezclada una mujer.
El día de San Matías, entra el sol por la umbría.
Más vale tarde que nunca.
La hija buena vuelve a casa, aún cuando sea parida.
Si comes cerezas con los poderosos te arriesgas a que los huesos lluevan contra tu nariz.
El árbol permanece aunque desaparezca la mano que lo ha plantado.
Decir, me pesó; callar, no.
Lo hermoso, a todos da gozo.
El que pasa por romero y no lo coge, si le viene algún mal que no se enoje.
La salud no se aprecia hasta que llega la enfermedad.
Cuando dude, no saludes.
La rata avisada, no muerde carnada.
Amistad que dice no, amistad que se perdió.
Reyes y mujeres no agradecen.
¿Qué echa al hombre de casa? Humo y mujer brava.
Desventuras y penas, a nadie le importan las ajenas.
Tirar la casa por la ventana.
Miren quién me llamó puta, sino otra más disoluta.
No hay moneda que no pase, ni puta que no se case.
Cada año trae su daño, y cada día su acedía.
El hombre que se enoja se derrotará a sí mismo en el combate, lo mismo que en la vida.
El demonio no duerme.
La gata de doña Flora, si se la ponen grita, si se la quitan llora.
Pan de ayer, vino de antaño y carne manida dan al hombre la vida.
Ruego de grande, fuerza es que te hace.
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
A mala venta, mala cuenta.
Tirar la piedra y esconder la mano.
A cuentas viejas, barajas nuevas.
La bolsa del miserable, viene el diablo y la abre.
Hijo de gata, ratones mata.
Lo que el Diablo no puede hacer hácelo la mujer.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
A olla que hierve ninguna mosca se atreve.
Como chancho en misa.
A la mujer mala, poco aprovecha guardarla.
Ser el último orejón del tarro.
Por lo que uno tira, otro suspira.
Bonita y fina me haga Dios; que rubia y blanca me haré yo.