Por sostener el error, se cae en otro mayor.
No creas en el llanto de un heredero, muy a menudo no es más que una risa disimulada
Hacer como vaca y cubrir como gata.
El corazón de una persona mala nunca es puro.
Tan rápido como un chisme.
Por creer en los espantos, se quedó para vestir santos.
A casa nueva, puerta vieja.
Cuando el toro desconoce el tintineo del cencerro de su rebaño se pierde.
El agua para un susto y el vino para un gusto.
De tal jarro, tal tepalcate.
Amor, tos y humo no se pueden esconder
El que se ríe a solas de su maldad se acuerda.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
El mal que salió de mi boca voló hasta tu corazón.
Más hace una hormiga andando que un buey echado.
Sumisiones anticipadas, pretensión parecen.
Quien huelga no medra.
El asunto de la jodienda no tiene enmienda.
Al amor, como a una cerámica, cuando se rompe, aunque se reconstruya, se le conocen las cicatrices.
A quien presta su frazada, le toca aguantar la helada.
Caras vemos, corazones no sabemos.
Por San Martín, siembra el ruin, y la vieja que lo decía ya sembrado lo tenía.
Donde hay hambre no hay tortilla mala.
El que come y canta, tiene los enemigos en la garganta.
A bien te salgan, hija, estos arremangos.
Quien hace agravios, escríbelos en el agua; quien los recibe, en el corazón los graba.
La pera y la doncella, la que calla es buena.
Agua que a algo huele o a algo sabe, otro la trague.
Sacar del horado la culebra con la mano ajena.
El pez que busca el anzuelo busca su duelo.
El rostro es el espejo del alma.
Amor con casada, no pase de una semana. Si no, la cosa ser complicada.
Hasta lo que no come le hace daño.
Albaricoques de Churriana, unos caen hoy y otros mañana.
El que a pueblo ajeno va a pretender, o va a dar perro, o a que se lo den.
O comed y no gimáis, o gemid y no comáis.
Agua caliente, salud para el vientre.
Es triste no tener amigos, triste que los hijos pasen penurias, triste no poseer más que un sombrero; pero más triste es no tener nada bueno ni malo.
Este mundo es casa de locos: cantan unos y lloran otros.
No es solo el hombre el que mea a la pared, porque el perro mea también.
Las malas noticias siempre tiene alas.
Más vale poco pecar que mucho confesar.
Con el ingrato, no tengas trato.
En casa llena no hay mujer mala.
Quitar la leña debajo de la caldera.
Cuando viene la chata, qué haces sin estirar la pata.
El que juega por necesidad pierde por obligación.
A toda ley, ama a Dios y sirve a tu rey.
No la hagas y no la temas.
La casa caída, el corral agrandado.