La culebra con certeza, se mata por la cabeza.
Tan bien parece el ladrón ahorcado, como en el altar el santo.
En otoño y en invierno, tiemble el enfermo.
Un momento puede hacernos infelices para siempre
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Beber, para comer; y aún eso, sin exceso.
El que toma el nombre de la madre, por ruin deja a su padre.
Hablar hasta por los codos.
Cacarear y no poner huevos, cada día lo vemos.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Oír campanas y no saber dónde.
Desayunar como rey, almorzar como príncipe, y cenar como mendigo.
Aunque es algo loco, la pena le hará cuerdo.
El que todo lo quiere vender, presto quiere acabar.
Es de gran dolor no ser loado, siendo digno de loor.
Hasta los animales se fastidian.
Meterse en la boca del lobo.
El mejor maestro de espada muere a manos del que no sabe nada.
De un cólico de acelgas nunca murió rey ni reina.
Más vale color en la cara que dolor en el corazón.
Fraile convidado echa el paso largo.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
A la vejez y a la juventud, espera el ataúd.
Boca que bosteza, estómago que hambrea.
El melón por la mañana, oro; por la tarde, plata; por la noche, mata.
Más vale tarde que nunca.
Abril concluido, invierno ido.
Más da el duro que el desnudo.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Llanto de viuda, presto se enjuga.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Hace un frío que se hielan las palabras.
Callar y callemos, que los dos porque callar tenemos.
Burla pesada, en veras acaba.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
La vida es un misterio, desvelalo.
Demasiada alegría es dolorosa
Amar y saber, todo no puede ser.
De Todos los Santos a Navidad, o bien llover o bien helar.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
Donde mores no enamores.
Más vale salto de mata que ruego de hombres buenos.
A ninguno le da pena, comer cosita buena.
Fingir ruido por venir a partido.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Más peligroso que una puñalada al hígado.
Para que la cruz vaya a mi casa, que vaya a la ajena.
Palabra al aire fenece; pero escrita prevalece.
Como quiera que te pongas siempre tienes que llorar.
Hablar por los codos, aburrir a todos.