Carnero, comer de caballero.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
Hace un frío que se hielan las palabras.
Higos y nueces no se comen juntos todas las veces.
De diestro a diestro, el más presto.
El que paga la primera ronda, se ahorra la cuenta de la cena.
Cuando en Mayo hay lodo, no se pierde todo.
La nieve presagia una buena cosecha.
Quien mucho duerme jornada pierde.
Zancas vanas, zancas vanas, temprano espigas y tarde granas.
Un apóstol en el cielo y un escribano en el suelo.
Junio, hoz en el puño, de verde y no de maduro.
Tiempo al pez, que picará alguna vez.
Cuando en el cielo oscuro hay ventanas, de llover no hay ganas.
Palabra dicha, no tiene vuelta.
A ninguno le da pena, comer cosita buena.
Mata, que Dios perdona.
Regla para bien vivir, callar después de ver y oir.
El hombre casado, ni frito ni asado.
Sufra quien penas tiene, que tiempo tras tiempo viene.
Gatos y mujeres, en casa; hombres y perros, en la plaza.
La mano perezosa, pobre es.
Cada uno hace llegar a la brasa la sardina que ha de asar.
Las mujeres son como las veletas: solo se quedan quietas cuando se oxidan.
Leña de romero y pan de panadera, la bordonería entera.
Con gente de mala casta ni amistad ni confianza.
Casa oscura, candela cuesta.
Buena cuenta es toma y daca, y todas las demás, caca.
Estreno de traje fino, preciso chorreón de vino.
El vino, comido mejor que bebido.
A ave de paso, cañazo.
Hablar a tontas y a locas.
El vino es la teta del viejo.
El cerdo siempre busca el fango.
De los muertos no se hable sino bien.
Alegría no comunicada, alegría malograda.
Cuando el necio es acordado, el mercado ya ha pasado.
Buena cara y malos hechos, a cada paso los vemos.
Derramar vino, buen desatino; derramar sal, mala señal.
Madre muerta, casa deshecha.
De bobos y bobas se hinchan las bodas.
A donde entra mucho vino todos los vicios hacen camino.
A jugar y perder, pagar y callar.
Buena vida me paso, buena hambre me rasco.
Freídle un huevo, que dos merece.
La que por la calle pasa, es mejor que la de mi casa.
A buen capellán, mejor sacristán.
Orejas curiosas, noticias dolorosas.
Porque un borrico te dé una coz, ¿vas tú a darle dos?.
Una mala dádiva dos manos ensucia.