La víbora y la mujer tienen la ponzoña en la boca.
Cuando Marzo marcea, la vieja en el "jogarín" se mea.
Entre tres la tenían y ella meaba, y no meaba a gusto la condenada.
Pronto y bien no hay quien.
Las mujeres por poco se quejan y por menos se ensoberbecen.
Una madre de su hijo nunca se muerde hasta el hueso.
Nadie da duros a cuatro pesetas.
El que está en el lodo querría meter a otro.
Matar dos pájaros de un tiro.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Del que mucho cela a su mujer, guardate como de Lucifer.
Tres cosas echan de su casa al hombre: el humo, la gotera y la mujer vocinglera.
La última cuenta la paga el diablo.
Amor de dos, amor de Dios.
Al toro hay que agarrarlo por los cuernos.
¿Compare, la burra, pare o no pare?.
Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.
Día martes, ni te cases ni te embarques.
Mujeres y vino hacen que los hombres pierdan el tino.
Aunque suegro sea bueno, no quiero perro con cencerro.
Más vale comer pan con amor, que pollo con dolor.
Justo es el mal que viene, si lo busca el que lo tiene.
Rabo por rabo, más vale ir al propio que al extraño.
A la mala costumbre córtale las piernas para que no avance.
El que tiene es el que pierde.
Por la boca muere el pez y el piloto por los pies.
Pobreza y amor son difíciles de disimular
Aguja calumbrienta, no estarás en mi herramienta.
De morir hay mil modos; de nacer uno solo.
Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar.
Es mejor callar que con tontos hablar.
En mente obtusa, la letra, ni a punta de palo penetra.
Más vale oler a asno que a muerto.
A cualquiera se le muere un tío.
Hace la misma falta aquí que los perros en misa.
Quien anda en malos pasos, en uno quedará atascado.
Quien compra lo que no debe, vende lo que duele.
Nunca le hagas a nadie, lo que no te gusta que te hagan a ti.
Malo es callar cuando conviene hablar.
Casa de piedra, firme y duradera; casa de tierra, casa de mierda.
Ave vieja, no está segura en jaula nueva.
Nunca te apures para que dures.
Si un desgraciado sube a una montaña, las piedras le caen encima, incluso de abajo hacia arriba
La paciencia es el puerto de las miserias.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.
Cuando todo está perdido, aún queda la esperanza.
A la arrogancia en el pedir, la virtud del no dar.
Entre la gente ruin el que pestañea pierde.
Mal me huele, quien mucho huele.
Ládreme el perro y no me muerda.