Es tan chaparro que cuando se sienta en el suelo, le cuelgan los pies.
Quien escucha, su mal oye.
Huí de la ceniza y caí en las brasas.
Cuando se pierde el honor, va todo de mal en peor.
Comer con fuerza, mascar con ganas y lo que no se hiciere hoy se hará mañana.
Cual el tiempo, tal el tiento.
Al amanecer resbalos, y al anochecer charquies.
Dios me guarde de mis amigos, que de mis enemigos ya me cuido yo.
Cuanto más sepas, más sufrirás.
Haz bien, no te arrepientas, haz mal, te esperará a la vuelta de la esquina.
La alegría rejuvenece, la tristeza envejece.
Cazador con levita, quita, quita.
Líbrame de estar sudado del aire encallejonado.
El luto de la abuela, corre que vuela, y el del abuelo, lo que dura el duelo.
Menos ha de ser llorado el muerto que el desdichado.
Nunca te acostarás sin saber una cosa más.
Las pestes y el matrimonio, son inventos del demonio.
Hacer una cosa contra viento y marea.
Nadie sacia su apetito, con solo huevo frito.
No comáis caldo de habas, que hace a las mujeres bravas.
Es más bello dejarse engañar diez veces que perder una vez la fe en la humanidad
Gota de miel, caza más moscas que un tazón de hiel.
Quien no es para más, de hambre en su tierra perecerá.
El amor mueve montaña.
Ausentes y muertos, nadie se acuerda de ellos.
Cuando se vuelven las tornas, medio mundo se trastorna.
La más cauta es tenida por más casta.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
Reírse de la vida para que la vida no se ría de uno.
Romero ahíto saca zatico.
Debajo de la base de la lámpara está oscuro.
Nadie aprecia lo que tiene hasta que lo ve perdido.
Yo que no duermo, a todos doy mal sueño.
Casa hecha, sepultura abierta.
Vive de tal suerte, que ni te encante la vida ni te espante la muerte.
Río, señor, horno, mulo ni molino, no lo tengas por vecino.
Poco dinero, poco sermón.
Viejo cansado, muerto o corneado.
Cabeza con seso pa'los preguntones que comen d'eso.
No entres de golpe en casa ajena: llama a la puerta y espera.
A veces el echar a andar es la más difícil del caminar.
Predícame, cura, predícame, fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.
Llover sobre mojado, mil veces ha pasado.
Piedra que rueda, no crea moho.
Tras cada pregón, azote.
Juego que tiene quite, no tiene pique.
De la noche en la espesura, hasta la nieve es oscura.
Cerca está de saber vencer quien bien sabe pelear.
El amor y la nariz enrojecida no pueden ocultarse.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.