Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
Necio que calla por sabio que pasa.
Pan tierno, casa con empeño.
El que pestañea pierde.
A gran prisa, gran vagar.
Antes falta la palabra en la plaza, que el estiércol en la haza.
Líbreme Dios de hora menguada y de gente que no tiene nada qué perder.
El pecado te acusa.
La mariposa al posarse sobre la rama teme romperla.
Barriga caliente, cabeza durmiente.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.
Cosa buena es arrepentirse, pero mejor cosa aún es no exponerse a ello.
Rostro, del fuego; piernas, del río; y del pecho aparta el frío.
De celosa a puta, dos pulgadas justas.
A quien presta su frazada, le toca aguantar la helada.
Señores lo dan y siervos lo lloran.
El silencio y la prudencia, mil bienes agencia.
Dar el consejo y el vencejo.
Renegad de viejo que no adivina.
La envidia y la ira solo consiguen acortar la vida.
La prisa será tardar.
Todo lo muy, es malo.
De necios es huir de consejos.
Aunque el vivir es incierto, nadie en la víspera ha muerto.
Puta arrepentida, del Carmen vestida.
Mientras cuentas las estrellas te rodea la oscuridad más profunda
Si falta la comida, torcida va la vida.
Más listo y despierto que el ojo del tuerto.
No esperes paz del visitante que toca tu puerta con una piedra.
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.
En un momento, al fin del mundo te lleva el pensamiento.
La ilusión del cazador, a una mentira otra mayor.
Del necio, a veces, buen consejo.
Casa sin gobierno, semejanza del infierno.
Si quieres verte obedecer, manda poco y bien.
Lo que hoy parece, mañana perece.
Con mujer que tiene dueño, ni sueño.
Los muros ensordecidos, a veces tienen oídos.
A quien a soplos enfría la comida, todos le miran.
Dale suficiente cuerda y se ahorcará el mismo.
Fraile, manceba y criado son enemigos pagados.
Cual andamos, tal medramos.
A las cosas ciertas encomendaos y de vanas esperanzas dejaos.
Días de mucho vísperas de ayuno.
El mal caldo, hirviendo y soplando.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
Dijo el muerto al degollado: "¡A fe que estás apañado!".
Amor y aborrecimiento no quitan conocimiento.
Agárreme, que llevo prisa.
La muerte se lleva igual al párvulo que al viejo.