Potros que de feria en feria van, cada día menos valdrán.
Cuando la Candelaria plora, el invierno fora. Y si no plora, ni dentro ni fora.
Mañana será otro día.
Navidad en martes, fiestas por todas las partes.
Al pan pan y al vino vino.
A la mujer y a la mula, vara dura.
La liebre a la carrera y la mujer a la espera.
Amigo y vino deben de ser añejos.
Barco con tormenta, en cualquier puerto entra.
Hablara yo para mañana.
Quien se acerca al bermellón enrojece, quien se acerca a la tinta ennegrece.
Riñen los amantes y se tiran las ligas y los tirantes.
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.
No hay día tan lueñe que presto no este presente.
Solo como Adán en el día de la madre
Al mal tiempo buena cara, y al hambre guitarrazos.
Lunes y martes, fiestas holgantes; miércoles y jueves, fiestas solemnes.
La bolsa del miserable, viene el diablo y la abre.
Otoñada segura, San Francisco la procura.
A la gallina apriétale el puño y apretarte va el culo.
La mujer es fuego; el hombre, estopa; viene el diablo y sopla.
Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
Quien se casa, mal lo pasa.
A padre ahorrador, hijo gastador.
Quien dice adiós, sin marcharse, ganas tiene de quedarse.
Para San Matías se igualan las noches con los días.
Por San Juan, los días comienzan a acortar.
Remo corto, barca pequeña.
Por San Mateo, la vendimia arreo.
El sol sale para todos y cuando llueve, todos nos mojamos.
Pronto y bien no hay quien.
Una lechuza, bienestar donde se posa y malestar donde canta.
Amor y guerra tienen batallas y sorpresas.
El mejor tuero para Mayo lo quiero y el mejor costal para San Juan.
La suerte es loca y a todos nos toca.
Quien no ahorra la cerilla cuando puede, no tiene una peseta cuando quiere.
Sombrerito nuevo tres días en estaca.
El casado, casa quiere y costal para la plaza.
Una mano por el cielo, y otra por el suelo.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
Una vez al año, y ésa con daño.
Cada cosa pía por su compañía.
Madre boba tuviste si al mes no reíste.
A su tiempo maduran las brevas.
Nunca viene una desgracia sola.
Santo que mea, maldito sea.
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.
Un secreto bien guardé; aciértalo tú, que yo lo diré.
El que mata el marrano temprano, pasa buen invierno pero mal verano.
Sabemos del otoño cuando la hoja llega al moño.