Cada cosa en su sitio y un sitio para cada cosa.
Casa que al amanecer no está abierta, es colmena muerta.
Chichas y chicharrones, en la matanza a montones.
En cada pago, su viña, y en cada barrio, su tía.
Quien sabe, sabe.
No nada más de pan vive el hombre.
Quien dineros y pan tiene, consuegra con quien quiere.
Zapateros; los lunes borrachos y los demás días embusteros.
Por San Andrés, todo el tiempo noche es.
Humo de hogar no empaña el cielo.
A la vejez, dinero y mujer.
Al melón maduro, todos le huelen el culo.
Hacer una montaña de un grano de arena.
Amanecerá y veremos.
El hombre propone, Dios dispone y el diablo descompone.
Unos por otros, la casa sin barrer.
¿Dónde vas Vicente?. Donde va la gente.
Es pan comido.
Mujer moza y Viuda, poco dura.
Dad al diablo la puerta que con cualquier llave está abierta.
Cabra en un sembrado, peor que un nublado.
Roma, paraíso de putas e infierno de mulas.
El hombre pone y la mujer dispone.
Hinca el pico, igual el feo que el guapo, y el pobre que el rico.
El hombre gana la plata y la mujer la desbarata.
En casa del hortelano, siempre es más gordo el marrano.
Vanidad humana, pompa vana: humo hoy y polvo mañana.
La oveja mansa, se mama su teta y la ajena.
A mujer bonita o rica, todo el mundo la critica.
Cuentas claras y el chocolate espeso.
Hombre de poco conocimiento, hogar sin cimiento.
Fruta de huerta ajena, es sobre todas buena.
Hombre ambicioso, hombre temeroso.
Te cierran una puerta y te abren diez.
Casa sin sol, hace que el médico entre a todas horas.
En casa del pobre, la plata se vuelve cobre.
Muchachada discretas, no muestran las tetas.
Para el mozo, moza hermosa. Para la moza, mozo gracioso.
Hoy arreboles, mañana soles.
A la vejez aladares de pez.
Alegría en la villa que hay berenjenas en la plaza.
Mano de santo cura como por encanto.
La mujer buena, de la casa vacía hace llena.
Sol madrugador y hombre callejero, no los quiero.
Buena burra hemos comprado.
Mano lavada, salud bien guardada.
La bolsa del miserable, viene el diablo y la abre.
Real ahorrado, real ganado.
El casa del muerto cada uno llora su duelo.
Al hombre ocupado le tienta un solo diablo; al ocioso una legión.