La pereza hace todas las cosas difíciles.
La fortuna es una rueda: gira hacia adelante y hacia atrás.
A quien mucho tememos, muerto le queremos.
El que le tiene miedo a los ojos, no puede comer cabeza.
Idos los ladrones se toman mil precauciones.
Ninguno por ser querido se esfuerce, que a veces lo torcido se destuerce.
Hablando nos entendemos.
Agua coge con harnero, quien se cree de ligero.
Somos lo que hacemos, sobretodo lo que hacemos para cambiar lo que somos.
Las medias, ni en los pies son buenas.
Hay que coger al toro por los cuernos.
Dios escribe derecho, incluso en las líneas onduladas.
Gatos y mujeres, en casa; hombres y perros, en la plaza.
Tan bonita la dentadura y tan mala la pronunciación.
Dice San Ginés que el que tiene cara de bruto lo es.
Obra acabada, maestro al pozo.
Con dinero en bolsillo, buen jamón y cochinillo.
Estas son lentejas; si quieres, las comes, y si no, las dejas.
De puta a puta, taconazo.
Al mal pintor se le quedan calvos los pinceles.
El que da, recibe.
La mujer que buen pedo suelta, no puede ser sino desenvuelta.
El ojo del puente, el baratillo y el pan, como se estaban están.
Soplar la pelusa de un abrigo de pieles, para descubrir el menor defecto.
Cuerpo descansado, dinero vale.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.
Llevar más palos que el burro de un yesero.
No te asombres por poca cosa.
Bueno es el rigor; pero la misericordia es mejor.
Los hijos de Mari-Rabadilla, Cada cual con su escudilla.
En cada casa, un solo amo.
Niño con siete niñeras se queda ciego.
Tarde en casar y malcasar, son a la par.
A la mujer y al galgo, a la vejez les aguardo.
Dinero no falte, y trampa adelante.
De quien mira al suelo, no fíes tu dinero.
Pollo nuevo y vino anejo, hacen mozo al hombre viejo.
La muerte tiene las piernas frías.
Según San Andrés, el que tiene cara de tonto, lo es.
Obra común obra de ningún.
Las armas y las heridas, deben llevarse escondidas.
Escoba nueva, barre bien.
Alfayate que no hurta, poco medra con la aguja.
Obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro es nada.
Guarda mozo, y hallarás viejo.
Los besos de las mujeres son como las cuentas de un rosario, en saliendo la primera salen todas las demás.
Ojo al Cristo que es de plata.
Si el mozo supiera y el viejo pudiera, ¿qué se les resistiera?
Apunta y da y la cuenta te saldrá; da y apunta, y no te saldrá nunca.
A gallo viejo gallina joven.