Hacer algo de cayetano.
Toda carne es sospechosa, más la muerta es venenosa.
No te dejes aconsejar por un perdedor.
Es mejor un feo hago que un hermoso haré
Más vale muchos pocos que pocos muchos.
Cómicos y abogados, lo mismo hacen de moros que de cristianos.
No creo en gardenias negras, ni en virginidad de suegras.
Buena cuenta es toma y daca, y todas las demás, caca.
La amistad es de antimonio, solo la solda el demonio.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
Cinco puercos son manada.
Unos tanto y otros tan poco.
¿Quién con una luz se pierde?
Quien siembra favores, cosecha rencores.
No hagas leña del árbol débil, haz palillos.
Lo que no fue tua año no fue tu daño.
No da un tajo ni en defensa propia.
Mal me huele, quien mucho huele.
Quien se siente mocoso, se suena los mocos.
Amigo bueno, solo Dios del cielo.
Nadie, ladrando a la luna, alcanza amor ni fortuna.
Decir y hacer pocas veces juntos se ven.
Guarda bien lo tuyo y no harán ladrón a ninguno.
No compres cosa vieja que no sea vino, jamón o teja.
Con lo que Juan mejora, Pedro empeora.
Abad de aldea, mucho canta y poco medra.
Dios conserve a mi patrón, por temor a otro peor.
Llagas viejas, tarde sanan.
Amores nuevos olvidan los viejos.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
Ni te abatas por pobreza, ni te ensalces por riqueza.
Donde no hay ventura, poco sirve la cordura.
Al asno rudo, aguijón agudo.
También los secretarios echan borrones.
Bien está lo que bien acaba.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
La envidia es en el ruin lo que en el hierro el orín.
El arado rabudo, el arador, barbudo.
Nadie yerra por callar y hablando mucho, mucho se suele errar.
Rebuznos de asno no llegan al cielo.
Idos y muertos es lo mesmo.
Al desganado, darle ajos.
A buen hambre, no hay pan duro.
Las lenguas de los que critican son como las patas de las moscas, aterrizan en cualquier cosa que encuentran.
El diablo abre la puerta, y el vicio la mantiene abierta.
Azote y mordedura, mientras duele dura.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
De San Martín en adelante ya no hay diablo que aguante.