El tiempo no perdona a nadie.
El que cree en la astrología, se amarga todos los días.
Cucas y vino, higos sin tinto, y luego vino para el camino.
A manos frías, corazón ardiente.
Más vale pajarito en mano que pichón en el campo.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
Quien en un año quiere ser rico, al medio le ahorcan.
La ocasión abre la puerta del pecado, evítala y evitarás el peligro.
El que más puede, más aprieta.
Zamarra y chaquetón, iguales son.
La oportunidad es calva, y hay que agarrarla por los cabellos.
La rata avisada, no muerde carnada.
Dar una de cal y otra de arena.
Por lo demás, paciencia y barajar.
La diligencia es madre de la buena ventura; y la pereza, su contraria.
Mala señal de amor, huir y volver la cara.
Marzo trae las hojas y noviembre las despoja.
Antes te quedes manco, que eches una firma en blanco.
El que come y canta loco se levanta.
Quien siembra si llueve, el día pierde.
Más vale poco que nada.
Los votos hechos durante la tormenta se olvidan al llegar la calma.
Habla poco, escucha más, y no errarás.
Cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.
A lo que no puedas, no te atrevas.
Trabaja como si vivieses siempre, y vive como si murieses hoy.
Del uso viene el abuso.
Anteayer tu pan comí, y ayer no te conocí.
Buen comer, trae mal comer.
Guárdate de la furia de una mujer despechada.
Dale al tonto una cuerda, y ahorcarse ha con ella.
Alzada en enero, ha de ser para buena.
Hombre ocioso, hombre peligroso.
Al buen sordo, pedo gordo.
Nota: San Bernardino es un asilo de Madrid.
Tanto pedo para cagar aguado.
Muchas manos al pucherón, pronto se Llega al hondón.
Disparar otra flecha para encontrar la anterior
Dar con buen melón y buena mujer, acierto es.
Entre la gente ruin el que pestañea pierde.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Hombre refranero, hombre de poco dinero.
Aunque estén sin legañas a veces los ojos engañan.
Dinero guardado, barco amarrado.
Al trabajo, por su vejez, no le engañan ni una ve.
Cuando bebas, no manejes; se te puede dar vuelta el vaso.
Pueblos vecinos, mal avenidos.
Del joven voy, del viejo vengo.
Quien a uno castiga a ciento hostiga.
Al olor de los dineros ya vendrá algún forastero que no conozca tu historia con los ojos bien tapados como el burro de la noria.