Al espantado, la sombra le basta.
Como haces tu cama, así la encuentras.
La liebre búscala en el cantón, y la puta en el mesón.
El harto no se acuerda del ayuno.
Cuando la fiebre declina, tiempo propicio de dar quina.
El que manda, manda.
En la casa del cura siempre hay hartura.
Yo que la buscaba, y ella que no se quiso esconder, se juntaron el hambre con las ganas de comer.
Ruéganla que se pea, y cágase.
Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico.
Botellita de Jerez, todo lo que me digas será al revés.
Olla todos los días, a un santo cansaría.
A gran chatera, gran pechera.
Ley puesta, trampa hecha.
Comprar de ahorcado y vender a desposado.
El buen vecino, arregla el camino.
Cuando de visita te pierdo, si te vi ya no me acuerdo.
Agua y sol, tiempo de requesón.
La fe mueve montañas.
El hambre es una fea bestia
Una de cal y otra de arena, hacen la mezcla buena.
A caballo que se empaca, dale estaca.
El que se ajunta con gato aprende a maullar.
Mal hace quien nada hace.
De las uvas sale el vino, y del vino el desatino.
O Corte o cortijo.
Con una despensa llena, se guisa pronto una cena.
El día que no me afeité, vino a mi casa quien no pensé.
Vine en el auto de Fernando, la mitad a pie y la mitad andando.
El amor y la luna se parecen: menguan cuando no crecen.
Más vale maña que fuerza.
El que no la hace a la entrada la hace en la salida.
Febrero, siete capas y un sombrero.
A donde entra mucho vino todos los vicios hacen camino.
En gran casa, gran gasto se amasa.
A la mujer ventanera, tuércela el cuello si la quieres buena.
Heredar hace medrar; que no trabajar.
Cuando cae lluvia, agua anuncia.
Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
Aunque sea fraile, le gusta el baile.
El zorro que come gallinas cuando ve el gallinero suspira.
A la vaca, hasta la cola le es abrigada.
Una palabra al oído se oye de lejos.
En enero, suda el fresno.
Cierra tu puerta y alaba a tus vecinos.
Las mujeres quieren ser rogadas.
Predícame, cura, predícame, fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.
Nadie yerra por callar y hablando mucho, mucho se suele errar.
Ve delante cuando huyeres.
El trabajo sin reposo, convierte a Juan en un soso.