Juzga el ladrón, en su saña, a todos por su calaña.
Si te sobra el tiempo de joven, de viejo se te esconde.
Quien hace la cuenta sin el huesped, la hace dos veces.
A la cena y a la cama, solo una vez se llama.
Con el engañador, se tú mentidor.
Hacer de toda hierba un fardo.
Alcalde de monterilla, ¡ay de aquel que por su acera pilla!.
Ni buen fraile por amigo, ni malo por enemigo.
Hijo de mi hija, mi nieto será; hijo de mi hijo, Dios lo sabrá.
De fuera venga quien la tea nos tenga.
No hay nada más hermoso que un padre llegue a convertirse en amigo de sus hijos, cuando estos lleguen a perderle el temor pero no el respeto.
Sigue la senda, aunque dé rodeos; sigue al jefe, aunque sea viejo.
A bien se llega quien bien se aconseja.
Cada mozo lancee su toro.
Zangamanga mal fraguada, solo a los bobos engaña.
Dando tiempo al tiempo el mozo llega a viejo.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
Ir de mal en peor, no hay cosa peor.
Gran dolor es tener poca carne y mucho asador.
A fullero viejo, flores nuevas.
Dineros y amores, diablos y locura, mal se disimulan.
El temor de la guerra madura en cualquier tierra
Hacer de su capa un sayo.
Entre más estrecha la mente más grande la boca.
Alegría amagada, candela apagada.
Ya se murió el emprestar, que le mató el malpagar.
A quien a mula, bestia, hace mal, es más bestia que el animal.
El hombre se casa cuando quiere y la mujer cuando puede.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
Al bobo, múdale el juego.
¿Compare, la burra, pare o no pare?.
Mal duerme quien penas tiene.
La vida del puerco, corta y gorda.
Quien bebe vinagre teniendo buen vino, ¿qué no haría conmigo?.
La soga, tras el caldero.
Dar a guardar las ovejas al lobo.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
A todos los tontos se les aparece la Virgen.
Con beatas y beatos, mucha vista y poco trato.
Bailar la pieza más larga con la moza más fea.
A grandes penas, pañuelos gigantes.
Llevar adarga para viivir vida larga.
Mujer hermosa nunca es pobre, y si lo es, es que es tonto.
Quien tiene muchos vicios, tiene muchos amos.
La mujer es como una sombra: no podrás atraparla, pero tampoco huir de ella.
La mujer te cambia hasta el modo de caminar.
No le mires la espiga en el ojo ajeno, sin ver la que hay en el tuyo.
Del agua mansa líbreme Dios que de la brava me libro yo.
De cuarenta para arriba, ni te cases, ni te embarques, ni te mojes la barriga.
La bonita es más bonita, con la cara lavadita.