El tiempo es un remedio que todo lo cura.
Mear claro y recio deja al médico por necio.
Pendejo que al cielo va, lo joden también allá.
De dos bienes, el mayor; de dos males, el menor.
Que estudien los burros, que yo ya se mucho.
Reniego de señora que todo lo llora.
La prolijidad suele engendrar el fastidio.
Los ojos todo lo ven, y a sí mismos no se ven.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
Si entre burros te conocen, rebuzna y de cuando en cuando tira coces.
Quien compra cuando no puede, vende cuando no quiere.
Roban un cordero o dos, y dan los pies por amor a Dios.
Ganado suelto bien retoza.
Lo que llena el ojo, llena el corazón.
Amor de lejos contentos los cuatro.
Refrán de palo, refrán de fuego.
No caben dos pies en un zapato.
Boñiga de vaca en quemadura, pronto la cura.
Después del crepúsculo, los gusanos de luz piensan: ¡nosotros hemos iluminado el mundo!.
De lo que no veas, la mitad sólo creas.
Cuando estamos buenos, damos consejos a los enfermos.
Al comer de las morcillas, ríen la madre y las hijas y al pagar, todos a llorar.
El ojo del amo engorda al caballo.
En mal de muerte no hay médico que acierte.
El rocín, para polvo; la mula, para lodo; el mulo, para todo.
Solo se cumplen los sueños de los que los tienen.
Cuando al burro le ponen don, ya no le pega albarda.
¡Sálvese el que pueda que la barca esta haciendo agua!
El que mucho abarca, poco aprieta o se le cansan los brazos.
La vida no es un problema para resolver: es un misterio para vivir.
Muerto el último árbol, muerto el último hombre.
Nadie está obligado a lo imposible.
Si miras mucho atrás, a ninguna parte llegarás.
Cuando el gallo canta, la gente se levanta.
Otoño entrante, barriga tirante.
Gorrino que en la mesa chilla, ya está oliendo a morcillas.
Si quieres matar a tu mujer, dale sardinas por San Miguel.
A más no poder, acuéstome con mi mujer.
Demasiada alegría es dolorosa
Más groso que el Guelpa.
En calma el mar no creas, por sereno que lo veas.
El amor y el vino sacan al hombre de tino.
Café cocido, café perdido.
Ignora al ignorante.
Guerra, peste y carestía andan siempre en compañía.
Cuando hay amor nos podemos acostar sobre el filo de una espada, cuando no nos amamos incluso una cama enorme no basta
A fortuna adversa no hay casa enhiesta.
A carrera larga, cada galgo se queda en su puesto.
Afanar y no medrar es para desesperar.
Cuando el diablo no tiene qué hacer, coge la escoba y se pone a barrer.