Cuando un hombre hace el tonto, siempre es por una mujer.
Donde manda el amo se ata la burra.
La fortuna es madrina de los necios.
Boca que mucho se abre, o por sueño o por hambre.
Apagón de noche y candil de día, todo es bobería.
Buscar la luna a mediodía es bobería.
Como la recién casada: con ganas de todo y ganas de nada.
La casa, la mujer la hace o deshace.
Más sabe el necio en su casa que el sabio en la extraña.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
Más raro que perro verde
El idiota es como el ladrón de campanas, que se tapa el oído para robarlas.
Cuando la cólera y la venganza se casan, su hija es la crueldad.
Para uno que madruga otro que no duerme.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
Amigo de todos, loco con todos
A palabras de borrachos oídos de cantinero.
Todo hombre tiene su manía.
A buena mujer, poco freno basta.
Junta de lobos, muerte de ovejas.
Idiota y tozudo, no hay mejor burro.
Al galán y la dama, el diablo los inflama, y la ocasión le hace la cama.
Un tonto engaña a cientos si le dan lugar y tiempo.
El que se pinta de bueno, o es tonto o tiene veneno.
Hay que creer, rajar o desastillar.
El amor da al necio osadía y entendimiento.
Tranquilidad viene de tranca.
Vicio por natura, hasta la muerte dura.
Irse bestia y volver más, muchas veces lo verás.
Donde uno piensa, otro sueña.
Paciencia, cachaza y mala intención.
La ilusión del cazador, a una mentira otra mayor.
Hacer una tempestad en un vaso de agua.
Toda demasía enfada y hastía.
Estoy como gallo en corral ajeno
Hacerse el tonto es mejor que andar en coche.
Madre boba tuviste si al mes no reíste.
Enfermo que bebe y no mea el diablo que se lo crea.
Hablar más que lora mojada.
Mucho Madruga el que una cartera que encontró; pero más Madruga el que la perdió.
Doblada es la maldad que sucede a la amistad.
Ya muerta la burra, vino la albarda.
Donde la malicia sobra, falta el entendimiento.
Estudiante y diablo, una misma casa con dos bocados.
Viendo al payaso, soltando la risa.
Dar al olvido.
El mal de tonto, no tiene cura.
Tú que querías y yo que tenía ganas, sucedió lo que el diablo deseaba.
Cosa muy querida, presto perdida.
El insensato que reconoce su insensatez es un sabio. Pero un insensato que se cree sabio es, en verdad, un insensato.