Costurera sin dedal, cose poco y cose mal.
Tan bonita la dentadura y tan mala la pronunciación.
Cruz y raya, para que me vaya.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
Sabio en latín y tonto en castellano.
Afeminados espíritus engendra la avaricia.
Hablar a tiempo requiere tiento.
Despacio voy, porque de prisa estoy.
Buena vida si refrenas tu ira.
En un recinto sagrado, ora; en una pista de baile, baila.
Poco a poco se anda lejos.
La labranza no tiene acabanza.
La mujer tiene que arreglarse, la joven para agradar y la vieja para no espantar.
Mojarse el potito.
Idos y muertos, olvidados presto.
Lo que haces, encuentras.
Los cojones del cura de Villalpado, los llevan cuatro bueyes y van sudando.
Aquí se rompió una tasa, cada quien se va a su casa.
El amor es ciego.
A quien se viste de lo ajeno, le desnudan en concejo.
El que la sigue la consigue.
Juventud licenciosa, vejez penosa.
Pedir más es avaricia.
Quien más no puede, con su mujer se acuesta.
Aunque la bolsa esté exhausta, el día de gastar se gasta.
Como la moza del abad, que no cuece y tiene pan.
Con amor y aguardiente, nada se siente.
Comer y beber echa la casa a perder; dormir y holgar no la puede ganar.
Sueños de hombre pobre, pedos de burra vieja.
¡Palabra!, dijo la loba a la cabra.
Despedida de borrachos.
Para morirse, siempre hay tiempo.
Florecillas en el trigo, pegujal medio perdido.
Después de puta y hechicera, se torno candelera.
Haragán y gorrón, parecen dos cosas y una son.
La rubia de la panadera, que con el calor del horno se quiere poner morena.
Aprendiz de muchos oficios, maestro de maldita cosa.
Lo que no puede uno, pueden muchos.
Cada uno se apaña según tiene maña.
En apurada ocasión, haz de tripas corazón.
Hoy un amigo mío entra en la fosa y otro en el tálamo; quizás éste sea feliz, pero aquél lo es sin duda alguna
Junta de rabadanes, oveja muerta.
La liebre que has de matar, cuesta abajo la has de echar.
Temporal de noche, mucho ruido y pocas nueces
Pascua pasada, el martes a casa.
En casa y en amores, entras cuando quieres y sales cuando puedes.
La suerte no se detiene, y es péndulo que va y viene.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
Donde muchos mandan y ninguno obedece, todo fenece.
Solo me queda concluir en que, cada día que pasa, estás más cercana nuestra muerte, por eso vivamos cada día con intensidad como si fuese el último.