Desde el día de santa Catalina o nieve o barro
El necio dispara pronto sus dardos.
Piensa en las facilidades, pero continúa trabajando.
Entre hermano y hermano, no metas la mano.
Con "quizás" nunca hagas cuenta.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
El que recibe todas las pedradas se pone el escudo.
Dábale el judío pan al pato, y tentábale el culo de rato en rato.
A buen bosque vas por leña.
La conciencia es a la vez, testigo, fiscal y juez.
Los tontos consiguen las mejores cartas
Manos besa el hombre, que querría ver cortadas.
Ser rico y privarse, no es ser rico, sino guardián de equipajes.
Nuestros padres, a pulgadas, y nosotros, a brazadas.
Saber si pisa culebra o si pisa bejuco.
El labrador tiene que sembrar para recolectar.
Hay quien mea en caldera y no suena, y hay quien mea en lana y atruena.
Hay que tener los pantalones en su sitio.
Ojo al Cristo que es de plata.
Lo que la mujer no logra hablando, lo logra llorando.
El que lava la cabeza del asno, pierde el jabón, y el que predica en desierto pierde el sermón.
A la mujer y a la guitarra, hay que templarla para usarla.
Comida de aldeanos, sin manteles, pero mucho y sano.
La envidia, dice el autor, es martillo destructor.
La necesidad hace a la vieja trotar.
La pobre está más mamada, que teta recién casada.
Hacienda de señores, cómenla los administradores.
Quien da lo que tiene, a pedir se queda.
El sordo no oye, pero bien que compone.
La razón es de quien la tiene.
Común conviene que sea quien comunidad desea.
Paso a paso, se va lejos.
Cabra por viña, cual la madre tan hija.
Asnos y mujeres, por la fuerza se entienden.
Muchas gotas que caen entre la taza y los labios.
Hay quienes ante el peligro se crecen.
No hay dicha, sino diligencia.
Al son que me tocan bailo.
Gente de navaja, poco trabaja.
Va al hoyo el mozo y el gozo al pozo.
El fraile predicaba que no debía hurtar y él tenía en el cepillo el ánsar.
El vino, comido mejor que bebido.
Hacienda de muchos, los lobos se la comen.
Padre diestro, el mejor maestro.
Haz bien y no mires a quien.
Pintada en los WC.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
Envidia, ni tenerla ni temerla.
Al potro que le alabe otro.
Del mirar nace el amar y del no ver el olvidar.