El trabajo es la ley y a todos agita.
La noche para pensar, el día para obrar.
Lo poco es poco, pero nada es menos.
Hoy: a eso me estoy; que mañana, mañana, palabra vana.
Haber de todo, como en botica.
Alegría, belleza cría.
Hay que convivir; pero no conbeber.
Al saber lo llaman suerte.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
Engordar para morir es mal vivir.
No hay cosa que fin no tenga, a la corta o a la luenga.
A la mujer y al papel, hasta el culo le has de ver.
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.
La alegría rejuvenece, la tristeza envejece.
Mucho ofrecer y poco dar, xuntos suelen andar.
Comamos y amemos, y no nos engañemos.
Nadie puede ser llamado feliz antes de su muerte.
Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive.
El mundo es para los osados, no para los tímidos callados.
No olvides que la fortuna cambia como la luna.
Nada con nada, total nada.
Bailar la trabajosa.
El amor mueve montaña.
La esperanza es el pan de los pobres.
Agua sobre agua, ni cura ni lava.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
Como la noche al día, el pesar a la alegría.
Hasta que a la meta no llegues, no te pongas los laureles. e Hasta que el cuerpo aguante.
Amor que del alma nace, al pie de la tumba muere.
La fortuna de la mar, hace a unos bien y a otros mal.
Boda buena, boda mala, el martes en tu casa.
A Dios, llamaron tú.
Dios nos da nueces, pero no las casca.
Dan limosna muertos los que vivos no la dieron.
La salud no es conocida hasta que es perdida.
Quien salud no tiene, de todo bien carece.
Guárdeme Dios de perro de liebres, piedra de onda, casa de torres y mujer sabionda.
Comer y beber echa la casa a perder; dormir y holgar no la puede ganar.
Cuando vivía, ¡que ya se muera!; cuando murió, ¡qué bueno era!.
¡Qué grande será la madre, que hasta Dios quiso tener una!.
La rueda de la fortuna nunca es una.
La mula feliz la pasa: fornica y no se embaraza.
Al cabo de la jornada, no tener nada.
Al molino y a la esposa, siempre le falta alguna cosa.
Cada tierra bien su fruto lleva; más no el que tu quieras.
Dios castiga sin dar voces.
Naipes, mujeres y vino, sacan al hombre de tino y lo llevan por el mal camino.
El amor y el buñuelo han de comerse en caliente.
El juego y la muerte, en no distinguir categorías se parecen.
Oír, ver y callar, para en paz estar.