Buen vino y buena tajada y no apurarse por nada.
El peligro que no se teme, más presto viene.
Juglar que mucho canta, poco yanta.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
De broma en broma, la verdad se asoma.
¡En San Antonio, rayos y truenos!
Por Navidad un paso de pájaro, por San Antonio [Abad] (patrón de la isla) un paso de demonio y por San Juan un paso de gigante.
Casa hecha y viña puesta, ninguno sabe lo que cuesta.
La lima, lima a la lima.
Chancla que yo tiro, no la vuelvo a recoger.
Saca, pero pon, y siempre habrá en el bolsón.
Zapatero solíades ser; volveos a vuestro menester.
De cuarenta para arriba, ni te cases, ni te embarques, ni te mojes la barriga.
La justicia cojea, pero llega.
Casa oscura, candela cuesta.
Estreno de traje fino, preciso chorreón de vino.
Ni bebas agua que no veas, ni firmes carta que no leas.
Llueve sobre mojado.
Coge brillo cadenita, que tu mojo llega.
Alegría, albarderos que bálago se arde.
Quien se pone ropa ajena, no puede decir que estrena.
O jugamos todos, o se rompe la baraja.
Amor nunca dice basta.
Nunca dejes la certidumbre por la esperanza.
Cada cual sabe lo que carga su costal.
Madurar viche.
Chico bache y grande caída.
Al alzar de los manteles, haremos cuentas y pagaredes.
Hablen cartas y callen barbas.
Con dificultad se guarda lo que a muchos agrada.
Nunca falta quien te dé un duro, cuando no estas en apuros.
La vida es un juego.
Si quieres buenas sementeras, por San Mateo siembra las primeras.
Jarrito nuevo, ¿dónde te pondré?
Hasta San Antón Pascuas son, y si las quieres alargar hasta la Virgen de la Paz.
Amor con celos, causa desvelos.
El que en verano no trilla, en invierno no come.
Padre no tuviste, madre no temiste; hijo, diablo te hiciste.
Huéspedes de repente, ni me lo mientes.
Quien no se arriesga, no pasa la mar.
Confesión obligada, no vale nada.
Quien con verde se atreve, por guapa se tiene.
Variante: Acuérdate, nuera, que serás suegra.
A cada ermita le llega su fiestecita.
La gota que derramó el vaso de agua.
Carta cortés, cada dos renglones, mentiras tres.
Joven es quien está sano aunque tenga ochenta años, y viejo doliente, aunque tenga veinte.
Al cabo de los años mil, vuelven las aguas por donde solían ir.
La edad madura es aquella en la que todavía se es joven, pero con mucho más esfuerzo.
A fuerza de palos, como borrico de yesero.