Nunca lamentes que te estas haciendo viejo, porque a muchos les ha sido negado ese privilegio.
A la arrogancia en el pedir, la virtud del no dar.
Vergüenza y virgo perdidos, por siempre idos.
Fuerte desdicha es, no aprovecharse de la dicha.
Alabanzas y regalos, malos tratos.
El que a los suyos menosprecia, a sí mismo se desprecia.
Pecado callado, medio perdonado.
A gusto dañado, lo dulce le resulta amargo.
Perdono al que me ha ofendido pero la ofensa no la olvido.
Fruta desabrida, no es apetecida.
El que no es amado, es un desgraciado, pero el que no ama es un infeliz.
Quien no tiene culpas, no pide disculpas.
Mejor precavido, que arrepentido.
Más honor que honores.
Es mejor ser envidiado que ser apiadado.
Dar limosna con tambor, no agradece Nuestro Señor.
A lo que no puede ser paciencia.
Ni miento ni me arrepiento.
Una desgracia, a cualquiera le pasa.
El avariento nunca está contento.
Lo heredado y lo ganado al juego, se tiene en poco aprecio.
No es quejido, sino que jode.
Mal oledor, mal catador.
Ningún rencor es bueno.
Tiempo pasado, con pena recordado.
Cuando bebas agua, recuerda la fuente.
Intelecto apretado discurre que rabia.
Merecer y no alcanzar, es para desesperar.
Del mal pagador, siquiera en pajas.
Suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias.
Del agua derramada, ni la mitad aprovechada.
Las gracias y los donaires no asientan sobre ingenios torpes.
A buena confesión, mala penitencia.
Envidia, ni tenerla ni temerla.
Pasar amargura por ganar hermosura.
Reyes y gatos son bastante ingratos.
Reyes y mujeres no agradecen.
La gloria, a la larga, se torna amarga.
Ninguna mortaja, es grata ni maja.
Confesión obligada, no vale nada.
Mal se honra hombre con lo ajeno.
Paciencia muchas veces ofendida, trastorna el juicio.
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
Salud perdida, salud gemida.
Pobre pero honrado.
Gran rico hacen los dineros, y gran señor su desprecio.
La verdad al censurado, siempre causa desagrado.
Nadie aprecia el bien que tiene, mientras que no lo enajene.
Los infortunios que no pueden evitarse, deben endulzarse.