Afana, suegro, para que te herede; manto de luto y corazón alegre.
Agua turbia no hace espejo.
Fue por lana y salió trasquilado.
Si el muerto volviera a vivir, de pena se volvería a morir.
¿Vas a seguir, Abigaíl?.
Quien tiene candela, jamás se congela.
De descansar, nadie murió jamás.
Comer fruta, hablar puta, leer carta, bien se puede hacer en la plaza.
Lo más feo, con interés, hermoso es.
Como el espigar es el allegar.
La tierra no la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos.
Con lo que Juan mejora, Pedro empeora.
Mi secreto, en mi pecho.
Puso pies en polvorosa.
La ciencia avanza a pasos, no a saltos
Hasta la belleza cansa.
Un zapatero, un sastre y un barbero, tres personas distintas y ninguno es verdadero.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
Los cirujanos deben tener ojo de águila, corazón de león y mano de mujer.
Mejor pájaro libre que rey cautivo.
Buenas acciones valen más que buenas razones.
Jamás cerró una puerta Dios, sin que abriese dos.
En las siembras y en la trilla, el amor con zancadilla.
Niña, no te desesperes, que el que ha de ser para tu, ni se casa ni se muere.
Por casa del mal vecino se meten el hambre y el frío.
Lo que siembres, recogerás.
Si quieres vivir en paz escucha, observa y calla.
Por San Blas, la cigüeña verás, y si no la vieres año de nieves.
Quien picha lejos y pede fuerte no tiene miedo a la muerte.
Esto el mundo me enseñó: a lo tuyo tú; y a lo mío, yo.
Malo es no podar pero peor es desmochar.
No tenéis más parte en el hijo, que el diablo en el paraíso.
Unos tener tanto y otros tan poco, propio es de este mundo loco.
En la casa y en la fosa, el hombre vive y reposa.
El que temprano se levanta, cualquier bulto lo espanta.
Para acertar mejor, echarlo a lo peor.
Rey serás si hicieres derecho, indigno de ser rey si hicieres tuerto.
Adonde halló un panal, vuelve el oso a husmear.
La mujer y la gallina, por andar se pierden aína.
Hambre matada, comida acabada.
Quien desprecia, comprar quiere.
En tu casa no tienes sardina y en la ajena pides gallina.
Antes de entrar en un lugar, fíjate por dónde se puede salir.
Jugar bien sus cartas.
De los muertos no se hable sino bien.
Estás entre la espada y la pared.
Arrimar uno el ascua a su sardina.
El corazón conoce la amargura del alma.
Primero son los presentes que los ausentes.
La red justiciera tendida por los cielos es omnipresente, y sus mallas, aunque ralas, no dejan escapar a nadie.