Felicidad y cristal: ¡cuán fácilmente se quiebran!
No te fíes del enemigo que duerme.
Es estólido quien toma, la sátira como broma.
Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.
Mirad vuestros duelos y dejad los ajenos.
La ansiada numisma, no se hace ella misma.
De necios es huir de consejos.
Juego y bebida, casa perdida.
Ni son todos los que están, ni están todos los que son.
Está oscuro debajo de la lámpara
Dale al diablo lo que es suyo: lujuria, envidia y orgullo.
Los tontos, si callan, lo parecen menos.
Recuerda que vives en la sombra de tu vecino.
Hablar en plata blanca.
Aunque te veas en alto, no te empines, porque es condición de ruines.
Lo que se hace un día, es semilla de felicidad para el día siguiente.
El mundo es de los audaces.
Nadie da palos de balde.
La persona que se conoce a sí mismo, será invencible.
La suerte está echada.
Lo que en la mocedad no se aprende, en la vejez mal se entiende.
Los hijos de mis hijas, mis nietos serán; los hijos de mis hijos, en duda estarán.
La mujer que no dice que sí, no vale un maravedí.
Rencillas entre amantes, mayor amor que antes.
No desprecies a quien poco es, que algún días mucho podrá ser.
Llagas viejas, tarde sanan.
Mujer, viento y ventura, pronto se mudan.
En el medio está la virtud.
El que miente, si no lo pillan, no se arrepiente.
Es devoto o es loco quien habla consigo solo.
Reniego del necio que jode con la mujer del cuerdo.
Baile que en burla empieza, acaba en boda.
En gustos y colores, no discuten los doctores.
El amor devuelve a los viejos sabios a la infancia
Fingir ruido por venir a partido.
El plato de la mesa ajena se antoja más que el propio.
Aunque esté echado el cerrojo, duerme con un solo ojo.
El rostro es el espejo del alma.
A ése le gustaría volar, pero le faltan las plumas.
Hay quien se acuesta con las vacas y se levanta con los toros.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
En el molino hacen falta dos piedras, en la amistad dos corazones
El frío puede entrar de repente, entre Navidad y los Inocentes.
Más ablanda el dinero que palabras de caballero.
Eso dicen las malas lenguas y la mía que no es tan buena.
Existe también una felicidad que atemoriza al corazón
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Juegos de manos, ni a los piojos les son gratos.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.
Si has perdido algo hazte a la idea de que se lo has dado a un pobre