Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.
Un abismo llama a otro y un pecado a otro pecado.
La ansiada numisma, no se hace ella misma.
De necios es huir de consejos.
Juego y bebida, casa perdida.
Los tontos, si callan, lo parecen menos.
El amor: todo lo sufre, todo lo espera.
No te fíes del enemigo que duerme.
Ni son todos los que están, ni están todos los que son.
Mirad vuestros duelos y dejad los ajenos.
Está oscuro debajo de la lámpara
Dale al diablo lo que es suyo: lujuria, envidia y orgullo.
Recuerda que vives en la sombra de tu vecino.
Hablar en plata blanca.
Aunque te veas en alto, no te empines, porque es condición de ruines.
Lo que se hace un día, es semilla de felicidad para el día siguiente.
El mundo es de los audaces.
La persona que se conoce a sí mismo, será invencible.
Nadie da palos de balde.
La suerte está echada.
Los hijos de mis hijas, mis nietos serán; los hijos de mis hijos, en duda estarán.
Lo que en la mocedad no se aprende, en la vejez mal se entiende.
La mujer que no dice que sí, no vale un maravedí.
Llagas viejas, tarde sanan.
Rencillas entre amantes, mayor amor que antes.
En gustos y colores, no discuten los doctores.
No desprecies a quien poco es, que algún días mucho podrá ser.
El que miente, si no lo pillan, no se arrepiente.
Mujer, viento y ventura, pronto se mudan.
El amor devuelve a los viejos sabios a la infancia
Reniego del necio que jode con la mujer del cuerdo.
En el medio está la virtud.
Baile que en burla empieza, acaba en boda.
Es devoto o es loco quien habla consigo solo.
Hay quien se acuesta con las vacas y se levanta con los toros.
A ése le gustaría volar, pero le faltan las plumas.
El frío puede entrar de repente, entre Navidad y los Inocentes.
El plato de la mesa ajena se antoja más que el propio.
Existe también una felicidad que atemoriza al corazón
Aunque esté echado el cerrojo, duerme con un solo ojo.
Fingir ruido por venir a partido.
Eso dicen las malas lenguas y la mía que no es tan buena.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
Juegos de manos, ni a los piojos les son gratos.
Más ablanda el dinero que palabras de caballero.
El rostro es el espejo del alma.
En el molino hacen falta dos piedras, en la amistad dos corazones
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Nunca tengas miedo del día que no has visto.
Las palabras son como las hojas, cuando más abundan poco frutos hay entre ellas.