Hombre de muchos oficios, maestro de ninguno.
Es de sabios preguntar y de tontos el callar.
Una verdad a medias, es una mentira completa.
El joven busca la felicidad en lo imprevisto, el viejo en la costumbre
El que te habla de sus penas, espera que se las resuelva.
El que quiere amigos sin defectos, no tendrá ninguno.
Si vas de prisa, alcanzas la desgracia; si vas despacio, es la desgracia la que te alcanza a ti.
Vale más tener que no desear.
Una buena dote es un lecho de espinos
A Dios lo mejor del mundo, pues es señor sin segundo.
El que mal se maneja, despacio padece.
Quien da lo suyo antes de la muerte, que le den con un mazo en la frente.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
Lo que se hace un día, es semilla de felicidad para el día siguiente.
Casa a tu hijo con su igual, y no hablaran mal.
Dios no le da problema a nadie que no pueda resolverlo.
Se conoce a sí mismo aquel que vive en armonía con el universo navajo.
De lo bendito, poquito.
Casa convidada, pobre y denostada.
Callar y callemos, que los dos porque callar tenemos.
Sirve a un gran hombre y sabrás lo que es la aflicción.
El hombre no ha de ser de dichos, sino de hechos.
Cortesía de sombrero, hace amistades y no cuesta dinero.
Juventud con hambre quisiera yo, y vejez con hartura no.
Los buenos modos agradan a todos.
A tu Dios y Señor, lo mejor de lo mejor.
El tonto ni de Dios goza.
La dicha de la fea, la hermosa la desea.
Juntársele a alguien el cielo con la tierra.
El que da, recibe.
En vida de matrimonio, ni soso ni salado.
Tratar (uno) a los demás tal como lo tratan.
Ten una sola mente y una sola fe, entonces podrás conquistar a tus enemigos y vivir una vida larga y feliz
El necio dispara pronto sus dardos.
La diligencia es la madre de la buena forma.
Padecer cochura por hermosura.
Amor sin sacrificio, más que a amor, tira a fornicio.
Quien mucho abarca, poco aprieta.
Hijo de padre pobre, justo es que mucho lo llore, hijo de padre rico, llorándolo tantico.
Amar a todos, confiar en nadie.
Dios consiente, pero no siempre.
Las desgracias vienen juntas, y las gracias muy espaciadas.
A hombre jugador y a caballo correlón, ¡ay qué poco les dura el honor!.
Cada cual a lo suyo.
Se coge al toro por los cuernos, al hombre por la palabra y a la mujer por el elogio.
El hombre es para el hombre un espejo.
Favor ofrecido, compromiso contraído.
Como flores hermosas, con color, pero sin aroma, son las dulces palabras para el que no obra de acuerdo con ellas.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
Alzando en adviento, se alza y se abona a un tiempo.