El hombre es un animal de costumbre.
Ancho de espaldas y estrecho de culo, maricón seguro.
Es más terco que una mula.
A un burro le hacían alcalde, y no lo agradecía.
Barba espesa, honra, barba rala, deshonra.
El hombre no vale por lo que tiene sino por lo que es.
Hombre chiquitín, bailarín y mentirosín.
Los caracoles vacíos son lo que hacen más ruido. Así los hombres vanos y bullidores.
El hombre que no se equivoca no es humano.
Debajo de piel humana, muchas bestias se disparan.
Al hombre duro, lanza en mano y vino puro.
Al hombre harto, las cerezas le amargan.
Al hombre hueco, sopa verde y almendro seco.
Al hombre se le mide de cejas para arriba.
Culo sentado, hace mal mandando.
De los hombres se hacen los obispos.
De un hombrecillo iracundo se ríe todo el mundo.
El hombre como el oso, cuanto más feo, más hermoso.
El llanto es el privilegio del hombre.
En hombre nuevo no hay trampa vieja.
Hay hombres como el dado: que se están de cualquier lado.
Hay que tener los pantalones en su sitio.
Hombre a caballo, en cada venta echa un trago.
Hombre harto, no es comilón.
Lo poco bueno que tiene un hombre lo palparas en un solo día: toda su maldad oculta no la conocerás ni en cien años.
Los fanfarrones son lo que menos hacen.
Los hombres serenos, pelean mucho menos.
Los más completos varones, se amarran los pantalones.
No es un hombre más que otros si no hace más que otros.
No son hombres todos los que mean en la pared.
No todos los que mean en pared son hombres.
Quien destruye un hormiguero, no es hombre bueno.
Renegad de hombre, que le hace ruido hasta el nombre.
Si quieres conocer a un hombre, no le mires; óyele.
Todo hombre tiene su manía.