De abundancia del corazón, habla la lengua.
A un bagazo, poco caso.
Dale un huevo al codicioso, y te pedirla gallina.
Huir ciando es menester, con honra se puede hacer.
Puta la madre, puta la hija y puta la manta que las cobija.
Por el hilo sacaras el ovillo y por lo pasado lo no venido.
El que no tiene cabeza, tiene que tener pies.
Hombre lisonjero, falso y embustero.
A quién le dan pan, que llore.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.
Envidia, ni tenerla ni temerla.
El que es sabio nunca enceguece.
De tu dinero sé tú mismo el cajero.
Harto sabe quien sabe que no sabe.
El que da todo lo que tiene en cueros se queda y nadie lo quiere.
Don sin Din, gilipollas en latín.
Quien más tiene, más quiere.
El que se pica, ajos come.
Puedes darle un consejo a alguien, pero no puedes obigarlo que lo siga.
Por San Simón y San Judas, la habas son orejudas.
Caérsele a uno los palos del sombrajo.
Mano que te da de comer no has de morder.
Tragando aunque sea saliva.
De Dios a abajo, cada cual vive de su trabajo.
Vejez y mala salud remedian las faltas de la juventud.
Serio como perro en bote.
Guardado está lo que guarda Dios; pero lo demás, no.
Quien muerte ajena desea, la suya se le acerca.
Ahorrar no es solo guardar sino saber gastar.
Sufra quien penas tiene, que tiempo tras tiempo viene.
¿Fiado has?. ¡Tú pagarás!.
Quien da parte de sus cohechos, de sus tuertos hace derechos.
la juventud es el único defecto que se cura con la edad.
Buena olla y mal testamento.
El adulador corrompe a su patrón rascándole la espalda
Deja al menos un huevo en el nido
El Sil lleva el agua y el Miño la fama.
Como no soy río, atrás me vuelvo.
Este es el hombre de la Paula Pasos.
Siempre le dan habas al que no tiene muelas.
No hay quien escupa al cielo que a la cara no le caiga.
Al mal dar, tabaquear.
Hay que dar para recibir.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
Quien de joven come sardinas, de viejo caga las espinas.
A buen señor, buena demanda.
Ramos mojados, ésos mejorados.
Chancla que yo tiro, no la vuelvo a recoger.
Machacando, machacando, el herrero va afinando.
Secreto tan solo es lo que sabemos dos: Dios y yo.