El sol siempre reluce.
El matrimonio es como el flamboyán, empieza con flores y termina con vainas.
A hombre de dos caras, rayo que lo parta.
Dando gracias por agravios, negocian los hombres sabios.
Aprendiz de todo, oficial de nada.
Donde se quita y no se pon, se llega pronto al hondón.
La llaga sana, la mala fama mata.
Nada complicado da buen resultado.
Es mejor gastarse que enmohecerse.
Más vale un "toma" que dos "te daré".
Toda demasía enfada y hastía.
Burlas de manos, burlas de villanos.
La calabaza se dice que es buena una sola vez.
A quien se hace oveja, el lobo se lo come.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.
No sea una mujer tan bella como para matar ni tan fea como para asustar
Campana cascada, nunca sana.
Caza, guerra y amores, por un placer mil dolores.
Aceitunas: una oro, dos plata, la tercera mata.
A cuenta del tío rico trabajaba Perico.
Bien se guarda lo que trabajando se gana.
Cuando no hay pan ni harina, todo ase vuelven mojinas.
Ni hombre chiquitillo, ni casa de escaloncillo.
Quien administra tus bienes, por suyos los tiene.
Agua, poca, y jamón, hasta la boca.
Hay que andar más tieso que un ajo.
La cuestión no es llegar, sino quedarse.
Nadie perdona que le hagan un favor.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
A escote, no hay pegote.
La nuez llena, menos que la vana suena.
Peca igual el que mata la vaca, como el que le agarra la pata.
Llover sobre mojado, mil veces ha pasado.
Mulas y putas siempre piensan unas.
Hombre mezquino, no pida ayuda a su vecino.
Nota: Imita la fonética del inicio del canto de requiem "dies irae dies illae" ("día de ira, día de lágrimas") inspirado en Sofonías 1, 14. [1]
El corazón no habla, pero adivina.
Iglesia llena antaño, vacía hogaño.
No busques a la vez fortuna y mujer.
Hablar con lengua de plata.
Yerra, y no poco, el que discute con un loco.
A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.
Pensando en pajarito preña'o
Lengua malvada corta más que espada.
Las mujeres por poco se quejan y por menos se ensoberbecen.
El dinero diario, es necesario.
Malo es esperar bien de muerte ajena.
Todo hombre tiene su manía.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
Si quieres matar a tu mujer, dale sardinas por San Miguel.