Madrastra, ni de cera ni de pasta.
A ninguno le hiede su mierda sino la ajena.
Panadera érades antes, aunque ahora traéis guantes.
Cree en Dios pero amarra los camellos.
Está mal pelado el chancho.
Más claro, agua.
Zapatero amigo, las suelas quemadas y el hilo podrido.
En San Antonio todo puerco es bueno.
Julio calorero, llena bodega y granero.
A quien cuece o amasa, no hurtes hogaza.
Al perro que come brasas ni que le quemen el chipo.
Los molinos de los Dioses muelen despacito, pero muy finito.
Favores recordados, ¡ya están saldados!.
La misa, dígala el cura.
Amor y dinero nunca fueros compañeros.
Dios ayuda al marinero en la tempestad, pero el marinero debe estar al timón.
Con cuatro que obedezcan, uno que mande.
Caridad con trompeta, no me peta.
Palabras buenas abrirán puertas de hierro.
De lo hermoso, hermoso es el otoño.
Un ruin ido, otro venido.
El mundo es una rosa, huélela y pásala a tu amigo
No falta un burro en un mal paso.
Los besos son como las cerezas: uno lleva a otro
La mujer casta esta siempre acompañada.
Buena es la costumbre en el bien.
Raído y roto, cerca está lo uno de lo otro.
De oveja negra, borrego blanco.
Sacar lo que el negro en el sermón: los pies fríos y la cabeza caliente.
Ni moza sin espejo, ni viejo sin consejo.
Cuando suena la almirez, las doce están al caer.
Atrás viene quien las endereza.
La necesidad tiene cara de hereje.
La muerte todas las cosas iguala.
Llegar al humo de las velas.
A casa vieja, portada nueva.
Al amo listo y avisado, nunca lo engaña el criado.
Echarle mucha crema a sus tacos
Mano de santo cura como por encanto.
Cuando todo ha pasado, solo la verdad y el honor permanecen.
Cabellos y virgos, muchos hay postizos.
Dios está en todas partes.
Joven y peluquero, ¡pies para que os quiero!.
De la viña del vecino, sabe mejor el racimo.
De los hombres se hacen los obispos.
De la casada y la separada, dos cucharadas.
Por Santa Ana no hay borrica mala y por Santiago no hay mal caballo.
Tira el buey, tira la vaca; más puede el buey que la vaca.
Al hombre de trato llano, gusta darle la mano.
Necio que calla por sabio que pasa.