Abril llovedero, llena el granero.
Pan de antedía, vino de año y día; y carne, del mismo día.
Nadie sabe lo que vale un duro, hasta que no lo pide con apuro.
Fantasía y pobreza, todo en una pieza.
Después de comer, ni un sobre escrito leer.
Borrego al camión, duro a la montera.
Lleno está el infierno de buenas intenciones.
Leche y vino, veneno fino.
Estando sabroso el frito, el plato no importa un pito.
A lo que no puede ser paciencia.
Más vale tarta compartida, que una mierda para uno solo.
Debajo de la hiel suele estar la miel.
Entre col y col, lechuga.
Quien de joven come sardinas, de viejo caga las espinas.
Yo que me callo, me quedo sin gallo.
Que no llegue la sangre al río.
Cuando el león muere, encima le mean las liebres.
Amagar y no dar es apuntar y no tirar.
Nadie compra una vaca teniendo la leche gratis.
Estoy como gallo en corral ajeno
Donde falta la previsión, faltará provisión.
Tripa vacía, corazón sin alegría.
Cuando llega Junio, la hoz en el puño.
Labrar en barbecho, es labrar necio.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
El que cuida la higuera, comerá de su fruto.
Cara sin dientes, hace a los muertos vivientes.
Una desgracia, a cualquiera le pasa.
Me hizo sudar la gota gorda.
Siempre dan las nueces al que menos las merece.
Mochuelo a principio de cazadero, mal agüero.
Más quiero una salchicha que cien palabras bien dichas.
Los pastores descuidados preparan muchos banquetes al lobo.
No es quejido, sino que jode.
Cabeza sin seso, como hueca, tiene poco peso.
Los cántaros, cuanto más vacíos, más ruido hacen.
Ramos mojados, ésos mejorados.
Buena demanda o mala demanda, el escribano es mi banda.
La liebre y la puta, en la senda la busca.
Nadie sabe lo que vale el agua hasta que falta.
No ensucies donde comes.
Agua, como buey; y el vino, como rey.
Retén y no des: porque si das, día llegará que pedirás.
Comamos y bebamos que mañana moriremos.
La necesidad conduce a Dios.
Mea a gusto y contento, pero por favor, ¡mea dentro!
La mujer y la cabra es mala siendo seca y magra.
Tanto da el agua en la piedra que la quiebra.
De lo ajeno, gastar sin miedo; de lo propio, poquito a poco.
Ese huevo, quiere sal.