Benavente, buena tierra y mala gente.
A largos días, largos trabajos.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Da limosna, oye misa, y lo demás te lo tomas a risa.
Si hay armonía en la casa, habrá orden en la nación.
Fui a palacio, llegué bestia y regresé asno.
Decir bien y obrar mejor.
Cuando te den, da.
¿Quieres que en consejo hagan de ti cuenta?. Contradice tú a cualquiera.
Casa, viña y potro, hágalo otro.
A buen señor, buena demanda.
Cortesía de palabra, o conquista o empalaga.
Remendar y dar a putas.
Lo hermoso, a todos da gozo.
Buena cuenta es toma y daca, y todas las demás, caca.
Compañía de dos, compañía de Dios.
Rebuznaron en balde, el uno y el otro alcalde.
Guacharaca que come corozo, confianza tiene un su jopo.
Más partido que galleta en bolsillo de borracho.
A Dios lo mejor del mundo, pues es señor sin segundo.
Hacer callar es saber mandar.
Hogar, llama, bodas y bodas, sueños de todas.
A ropa de terciopelo, dos dueñas y su escudero.
La justicia cojea, pero llega.
Oveja duenda, mama a su madre y a la ajena.
Quien bien quiere, bien obedece.
Confesión hecha, penitencia espera.
Los casados, casa quieren.
Las cosas lo que parecen.
El trabajo y el comer, su medida han de tener.
Es mejor enjuagar una lágrima de un pobrecillo que obtener cien sonrisas de un ministro.
Cada uno en su negocio sabe más que el otro.
A la iglesia de Dios ni darle ni quitarle.
Pocas palabra y muchos hechos.
Después de la guerra, todos son generales.
El beber es el placer, y el pagar es el pesar.
Ni lleves cohecho, ni sueltes derecho.
Quien hace los mandados que coma los bocados.
Busca la mujer pastora; que ella se hará señora.
Por rey se tenga quien a nadie tema.
De lo que te han dado, da algo al necesitado.
Pecado de mucho bulto, no puede estar siempre oculto.
Habla de tu pueblo y hablaras del mundo.
Esta todo dicho pero no hay nada hecho.
A quien dices tu secreto, haces tu dueño.
Saber poco obliga a mucho.
Hecha la ley, hecha la trampa.
Una sola palabra puede decidir un negocio. Y un solo hombre, la suerte de un imperio.
Nunca ocultes nada al sacerdote, al médico y al abogado.
Abad de zarzuela, comisteis la olla, pedís la cazuela.