Cada perro tiene su hueso, aunque se levante tarde.
Tan mala memoria tengo, que si te he visto no me acuerdo.
Lo que no pensé antes de hablar, después de hablado me da que pensar.
No hay enemigo pequeño.
Reírse de la vida para que la vida no se ría de uno.
Todo lo muy, es malo.
Busca una mujer que sepa guisar y coser; y si bien lo quieres pasar, que más que coser sepa guisar.
De alcalde a verdugo, ved como subo.
El abad canta donde yanta.
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
El que guarda, halla.
Hombre difamado, peor que ahorcado.
¡Fíate de la Virgen y no corras!.
Favorece a quien te ayudó y olvida al que se negó.
Habiendo un hueso entre ellos, no son amigos dos perros.
Al aguador, su cuba y no la borla del doctor.
Para torear y casarse hay que arrimarse.
Bromas pesadas solo al que las da le agradan.
De algo murió mi abuela.
Mujer, viento, tiempo y fortuna, presto se muda.
Aprieta el pan que se te cae la magra.
No te rías de un cojo sin saber como andas tú.
A la mesa de San Francisco, donde comen cuatro, comen cinco.
El que está a las duras, está a las maduras.
El que con muchachos se acuesta, amanece hecho fiesta.
Le salió el tiro por la culata.
La necesidad tiene cara de hereje.
El enamorado, ve en la verruga de su novia un lunar encarnado.
Zamarra vieja, más calienta que una nueva.
Bien o mal, casado nos han.
El destino baraja, nosotros jugamos.
El que canta, sus males espanta.
La amistad, la que quieras, pero la cebada, a veinte la fanega.
A cada ermita le llega su fiestecita.
¿Dónde tiene mi niño lo feo?, ¡que no lo veo!.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Las cosas lo que parecen.
Dame gordura, darte he hermosura.
Hay algo más en ello que un arenque vacío
La Justicia entra por casa.
La amante ama un día, la madre toda la vida.
Castañas, noces e viño, fan a ledicia de san Martiño.
Más peligrosa esa vieja, que un tiro entre ceja y ceja.
Olla de tres vuelcos, tres manjares diversos.
A la fuerza no es cariño.
Más mató la receta que la escopeta.
Haz mal y guárdate.
Nadie envejece a la mesa.
A quien con mierda trasiega, algún olor se le pega.
Todos: mozos, viejos, reyes y pastores estamos sujetos a sentir amores.