Moza que mucho va a la fuente, anda en bocas de la gente.
Antes el golpe que el grito.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
Por falta de un amén, que no se pierda un alma.
A quien de bailar tiene gana, poco son le basta.
El que no está contra ti, está contigo.
Ocasión desaprovechada, necedad probada.
Oficial diestro, pronto se hace maestro.
Despacito por las piedras
Paralelo corriendo, tierra encontrando.
Modesto obsequio que encierra gran afecto.
Quien va despacio y con tiento, hace dos cosas a un tiempo.
Dios da pan a quien no tiene dientes.
Madruga y verás, trabaja y habrás.
El que da lo que tiene no está obligado a dar más.
Heredad por heredad, una hija en la vieja edad.
A buena fe y sin mal engaño, para mi quiero el provecho y para ti el daño.
El dinero tiene la cola corta. Por eso cuesta tanto agarrarlo.
Como al caballo le prueba el camino, a los hombres les prueba su sino.
El movimiento se demuestra andando.
Por bueno que sea un caballo, necesita espuelas.
Nada tiene al que nada le basta.
La belleza siempre tiene razón
La paciencia es el puerto de las miserias.
El que de joven corre, de viejo trota.
Al mayor peligro, el mayor auxilio.
El aspecto orgulloso aleja los corazones, pero la cortesía los gana.
El tiempo todo lo pone a prueba.
Hermano ayuda y cuñado acuña.
Una ola nunca viene sola.
No lo hurta, lo hereda.
Al hierro el orín y la envidia al ruin.
Hermosura y castidad, pocas veces juntas van.
Puta y fea, poco putea.
El amor: todo lo sufre, todo lo espera.
El que desecha la yegua, ése la lleva.
Para la virtud somos de piedra, y para el vicio somos de cera.
Fue el hombre por maduro, y lo pusieron verde.
Al flojo cavador, meterlo en medio, y grande azadón.
La sierra, con nieve es buena.
El que se traga un hueso, confianza tiene en su pescuezo.
Mala es la guerra para los que tienen un hijo en ella.
Cuando te sople bien el viento, aprovéchalo.
Ir y no volver, es como querer y no poder.
La necesidad es la madre de la imaginación.
Pan que sobre, carne que baste y vino que falte.
Heredar hace medrar; que no trabajar.
Cuando un tonto se agarra a una reja, o la arranca o no la deja.
Quien anda deprisa es el que tropieza.
Con mucho porfiar, se pierde la verdad.