Arandino, borracho fino.
Quien rompe una tela de araña a ella y a él de daña.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
Fortuna y aceituna, a veces mucha y a veces ninguna.
Sale más caro el candil que la vela.
Nació como la auyama, con la flor en el culo.
¡Qué Dios se lo pague!, y yo me lo trague.
A fuer de Portugal: dos animales sobre un animal.
Dios le dio novia y el diablo le dará hijos.
Que la haga el que la deshizo.
Buscarle cinco pies al gato.
Caballo que alcanza, pasar querría.
Solo los necios y los tontos tiran piedras a su propio tejado.
Sol de invierno caliento poco.
Con un consejo y un duro, sale el hombre del apuro.
No hay caza perdida, sino la liebre asada y la perdiz cocida.
A este son, comen los del ron, ron.
Agua de por San Juan, quita vino y no da pan.
Para el gusto se hicieron los colores.
El amor de los asnos entra a coces y bocados.
El consejo del viejo frailuco, hay que ser cuco.
Dinero no falte, y trampa adelante.
El buen enero, frío y seco.
Perro que come huevos, ni quemandole el hocico.
Madrastra, ni de cera ni de pasta.
Junto el dinero bueno con lo malo, todo ello se lo lleva el diablo.
Gran poder tiene el amor, pero el dinero mayor.
Al roble no le dobles.
Cuerpo harto, a Dios alaba.
Dar la última mano.
Fraile descalzo se pone las botas de los demás.
Donde muera una ilusión, siempre nace una esperanza.
Cuando Dios da la harina, el diablo se lleva la quilma.
Sabiduría de pobre hombre, hermosura de puta y fuerza de ganapán, nada val.
La fe infundada en la autoridad no es fe
Al mal dar, tabaquear.
Pídele a Dios que muera si quieres que dure mucho.
A la mujer y la picaza, lo que vieres en la plaza.
La zorra, cuando no llega a las uvas, dice que están verdes.
El amor y los celos son compañeros.
Es más fácil para una hormiga transportar una montaña que mover a los que mandan.
Cada uno se apaña según tiene maña.
Fue por potros y trajo muletas ¡malhadada feria!.
La ignorancia es muy atrevida.
El pescado y el huésped, a los tres días hieden.
Lluvia y nieve por enero, son anuncios lisonjeros.
A un bagazo, poco caso.
La mala palabra, más que un guijarro descalabra.
Por las cuentas del rosario, puede subir al pecho el diablo.
Quien echa agua en la garrafa de golpe, más derrama que en ella coge.