Joda más, joda menos, pero no joda tan parejo.
Al tiempo del higo, no hay amigo.
Bien ama quien nunca olvida.
Agarrando aunque sea fallo.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
La que de treinta no tiene novio, tiene un humor como un demonio.
Los hijos del herrero no tienen miedo a las chispas.
Alegría amagada, candela apagada.
Abrojos, abren ojos.
El cazador no se frota con grasa y se pone a dormir junto al fuego.
El que tiene vergüenza, ni cena ni almuerza.
Hombre ambicioso, hombre temeroso.
El niño regalado, siempre esta enojado.
Del harto al ayuno, no hay duelo ninguno.
Tirar la piedra y esconder la mano.
Tantos días pasan de enero, tantos ajos pierde el ajero.
Agua, ni quiebra hueso ni descalabra.
Más vale dolor de brazo, pero no de corazón.
Aseada aunque sea jorobada.
Oveja harta de su rabo se espanta.
Quien por todo se apura, su muerte apresura.
Agua caliente, salud para el vientre.
Para el verano te espero, pollo tomatero.
Ni tiñe ni da color.
La envidia es carcoma de los huesos.
Al pan duro, duro con ello. Y al pan caliente, con aceite.
Pariente que no me luzca, un rayo que lo desmenuzca.
Casa oscura, candela cuesta.
Raro es el regalo tras el que no se esconde algo malo.
Al desagradecido, desprecio y olvido.
Del reir viene el gemir.
Más imprevisto e incierto, que pedrada en ojo tuerto.
O llueve o apedrea, o nuestra moza se mea.
Mañana de niebla, tarde de paseo.
El tiempo no perdona a nadie.
La curiosidad mató al gato.
Casa sin gobierno, semejanza del infierno.
Entendimiento agudo pero sin grandeza lo pincha todo y nada mueve.
La fe no tiene miedo.
Aunque la dulzura halaga, la mucha miel empalaga.
Ni mueras en mortandad ni juegues en Navidad.
Cielo empedrado a las veinticuatro horas mojado.
Amor viejo, ni te olvido ni te dejo.
El amor refresca como el rocío
Acoge lo provechoso y no admitas lo dañoso.
Juego que tiene revancha, no hay que tenerle miedo.
Febrero el corto, el pan de todos.
Canario triste, no come alpiste.
La blancura de la nieve hace al cisne negro.
Más mueren de hartos que de faltos.